miércoles, 28 de enero de 2009

JORGE LUIS BORGES - SUS AMORES- ESTELA CANTO, ELSA ASTETE, MARÍA ESTHER VÁZQUEZ Y MARÍA KODAMA (Entrega Especial 6 de Borges y Bioy Casares)

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JORGE LUIS BORGES

Jorge Luis Borges amó a muchas mujeres. "Las mujeres me han hecho desdichado, pero la felicidad que he obtenido de ellas compensa toda la desdicha. Es mejor ser feliz y desdichado que no ser ninguna de las dos cosas", confesó alguna vez.

Tímido hasta la tartamudez, nunca tuvo facilidad para acercarse al sexo opuesto y su madre, Leonor Acevedo, con la que convivió durante casi ocho décadas, gravitó en su vida social con fuerza meridiana.

"Desde que tengo memoria, siempre estuve enamorado de alguna mujer. Han sido diversas, pero cada una era única. El amor ha sido una forma de revelación", decía Borges.

Nunca habló públicamente de las mujeres que amó, pero gran parte de su obra literaria está dedicada a las musas que lo desvelaron, algunas veces bajo la delicada sombra de una inicial, otras con nombre y apellido.



ESTELA CANTO


COSTANERA SUR, 1945. BORGES WITH SWEETHEART ESTELA CANTO.


Una noche de agosto de 1944, le presentaron a Borges a la joven Estela Canto, en una fiesta que daban Bioy Casares y Silvina Ocampo. Delgada, morena y bonita, Estela tenía ojos penetrantes y una sonrisa irónica que le daba un aspecto de fiera inteligencia, que conservaría en la vejez. A los veintiocho, era dieciocho años menor que Borges, y se había apartado del camino convencional de la mujer argentina al decidir no casarse y seguir en cambio una carrera en el periodismo y la edición. Ahora se estaba haciendo un nombre como escritora, y Sur le había aceptado dos de sus cuentos hacía poco. Su hermano Patricio, escritor ubicado en los bordes del grupo Sur, se la había presentado a Silvina Ocampo, y Estela pronto se convirtió en una invitada regular a las soirées literarias de los Bioy.


Su primer encuentro con Borges fue poco prometedor: había leído “La muerte y la brújula” en Sur, cuento que la había impactado, pero quedó decepcionada por el aspecto de su autor; aunque le habían dicho que no era muy apuesto, era peor de lo esperado: regordete, bastante alto, con un rostro pálido y mofletudo y pies bastante pequeños. Después de darle la mano con aire ausente, Borges se ocupó muy poco de ella, falta de atención que irritó a Estela, porque en aquellos días daba por sentado que los hombres la encontraban atractiva. Era, de hecho, una mujer con amplia experiencia sexual: había tenido relaciones con escritores pero prefería los hombres de acción, y cuando conoció a Borges, tenía una relación con un inglés, “un espía británico que se desplazaba continuamente por la Argentina y por Brasil”.

El Aleph, el cuento que dedicó a Estela Canto, bajo cuyo apasionamiento escribió uno de sus más famosos relatos. Militante comunista, bella y liberal, Estela conmovió al escritor que por entonces ya padecía algunos problemas de visión.

Borges la visitaba a diario con la excusa de que lo ayudara a pasar en limpio los manuscritos de El Aleph y le obsequiaba libros. Doña Leonor nunca aprobó la relación.

"Cada mañana cuando llegaba a casa con alguna novela en el bolsillo tenía la actitud del festejante inoportuno que teme ser rechazado por la señorita cortejada. Esto era irritante. Él tenía 45 y yo 28, edad suficiente para prescindir de esas tonterías", diría Canto en una autobiografía.

El noviazgo duró siete años y terminó abruptamente cuando Borges le pidió matrimonio: "Lo haría con mucho gusto Georgie (como le decían en la intimidad), pero no podemos si antes no nos acostamos", le respondió Estela.

Poco después de la ruptura, Canto se casó con otro aunque fue amiga del escritor hasta su muerte.


"Mi señor murió virgen", aseguró Fanny Uveda en una entrevista en el 2002, la mucama que durante 40 años fue testigo silencioso de la vida de los Borges.

Según relata en el libro El señor Borges, el escritor "tenía una especie de matrimonio con su madre que ejerció mucha influencia sobre él".

Al parecer, la vida sexual de Borges estuvo marcada por un trauma de iniciación, según conjeturó quien fue fugazmente su psicoanalista, Julio Woscoboinik, en su libro El secreto de Borges.

A los 68 años, y en la antesala de la ceguera, Borges se casa con Elsa Astete, una mujer viuda y con un hijo, de la que había estado enamorado en la juventud.

La historia de Jorge Luis Borges y Elsa Astete Millán es todavía uno de los capítulos más desconocidos en la vida del escritor. Fue una relación desapasionada y llena de desidia, y antes que corazones desbocados tuvo humillaciones mutuas y hasta una venganza sutil que el poeta se cobraría años más tarde.

Aunque parece difícil imaginar a dos personas más distintas, a su manera, sin embargo, ellos protagonizaron una vertiginosa historia de amor.

BORGES Y ELSA ASTETE


El encuentro. Borges y Elsa Astete se conocieron en La Plata, en 1931. Ella tenía 20 años, venía de la tranquilidad pueblerina de 9 de Julio, y su vida de entonces era de escuela y ocio, de paseos por el bosque y de té con masas en el Jockey Club.

El hombre que le presentaría a Borges fue Pedro Henríquez Ureña, historiador dominicano que había tenido que abandonar Santo Domingo porque el dictador Rafael Trujillo se había enamorado de su mujer.

El encuentro ocurrió una tarde, cuando Ureña llamó a su amiga Elsa y a su hermana Alicia, y las convocó a una cita a ciegas en el Museo de Bellas Artes, donde habría una conferencia. El conferencista era Néstor Ibarra, quien acabaría casándose con Alicia, y el joven que lo acompañaba se llamaba Jorge Luis Borges.

En 1931, Borges tenía 32 años y era un intelectual joven educado en Europa, ignorante todavía de que iba a ser el más grande escritor contemporáneo en lengua española. Había publicado un ensayo, Evaristo Carriego, que además de hacerle ganar tres mil pesos en un premio le había valido que Victoria Ocampo lo integrara a la revista Sur. En esa época estaba enamorado de Elvira de Alvear y ya era amigo de Adolfo Bioy Casares.

Aquella cita a ciegas en el Museo de La Plata sería el disparador de la relación. En la versión de la mujer, "después de que Henríquez Ureña nos presentó, nos fuimos a tomar el té al Jockey Club, y a la semana siguiente Alicia y yo fuimos a Buenos Aires para encontrarnos. Desde entonces no me dejó más. Me perseguía a sol y a sombra. Fue en esa primera cita cuando Borges me juró amor eterno".

¿Eterno? Aun tratándose de Borges, parece mucho decir. Durante los dos años que estuvieron de novios, él empezó a usar barba, recopiló sus artículos periodísticos en un libro y empezó a ser un escritor conocido.

La rutina del amor iba por los carriles de la época y, no bien comenzaron a hacer planes de casamiento, se comprometieron formalmente. Después, cuando la relación terminó, Borges decidió no hablar nunca del tema y hubo que esperar 50 años para que Elsa, enigmática, aludiera elípticamente a lo sucedido:
"No se dio", diría apenas.
Lo que ocultaba esa frase era un episodio de infidelidad que acabaría en el primer matrimonio de Elsa Astete y en el primer desengaño amoroso del poeta: durante una fiesta de cumpleaños ella había conocido a Ricardo Albarracín Sarmiento, y se había enamorado de él.
Fue una relación clandestina que Borges ignoró hasta el final: seguía viviendo en Buenos Aires, viajaba los sábados a La Plata para visitar a su novia, y fue el último en enterarse de lo que ocurría.

En la versión de Elsa, las cosas ocurrieron así: "A los 15 días de haberme casado, Borges, que no sabía nada, seguía llamando a mi casa. Mamá no sabía qué decirle, y yo me desentendí del tema. ‘Eso es problema tuyo’, le dije. Finalmente ella, que era correctísima, le dijo: ‘Mire, Borges, discúlpeme, pero me veo en la obligación de decirle algo: no llame más, porque Elsita se casó’".

La madre le contó a su hija que Borges hizo un breve silencio y después dijo: "Ah, caramba", y colgó.

Historias paralelas. En los años en que estuvieron separados, las historias de Borges y Elsa Astete fueron paralelas.

Ella, convertida en señora de Albarracín, tuvo un hijo que llevó el nombre del padre. La pareja vivía en una casona del Tigre y seguía viajando a La Plata, donde tenían una casa quinta, y Borges, para la mujer, apenas si era un recuerdo difuso.

Cuando le tocara a Borges hablar de la ruptura y de los años que le siguieron, diría dulzonamente: "Sólo la esperaba a ella". Desde luego, eso no parece cierto: entre 1933 y 1965, cuando se volvieron a encontrar, el escritor se enamoró muchas veces, y entre sus mujeres estuvieron Estela Canto, Silvina Bullrich y María Esther Vázquez.

Durante los años en que Borges estuvo sin saber de ella, Elsa enviudó y supo de él sólo lo que se decía de su carrera como escritor. Ni siquiera vivían en la misma ciudad: ella había vuelto a La Plata, donde había decidido quedarse después de la muerte de su esposo, y él estaba en Buenos Aires el tiempo que no pasaba viajando.

La ceremonia del reencuentro, tratándose de Borges, no podía empezar sino como empezó: con un sueño.

Dice Elsa: "Me contó que una noche soñó conmigo y le brotó como una ansiedad enorme de verme. Como mantenía una relación esporádica con una hermana mía, la llamó. Hablaron de bueyes perdidos, y al final le dijo: ‘Decime, Alicia, ¿qué es de la vida de Elsa?’. ‘Bueno’, le dice mi hermana, ‘vive en La Plata; se casó, como ya sabrás. Lo que no sé si sabés es que enviudó hace tres años’".

Borges quedó sorprendido pero no perdió el tiempo: llamó a su primera novia, y lentamente las cosas volvieron a ser como antes.

Segunda parte. De este segundo noviazgo, que duró casi tres años e incluyó, como el primero, un formal compromiso con anillos, a Elsa Astete le quedó grabada una anécdota que la hizo sentir indispensable. Sucedió una noche, en casa de Borges, cuando el escritor, ya casi ciego, fue hasta la biblioteca y a tientas pero sin dudar tomó un libro y lo llevó hasta donde estaba la mujer. En la página donde lo abrió había una foto de ella en traje de largo.

–Georgie –dijo admirada ella–, una foto mía...

En eso entró Leonor Acevedo, y le dijo a su futura nuera:

–¿Querés que te diga una cosa? Cada noche de su vida, antes de acostarse, "miraba" tu foto.

El 21 de setiembre de 1967, Jorge Luis Borges, soltero, 68 años, se casó por iglesia con Elsa Astete Millán, viuda, de 57.

Durante los primeros tiempos, la pareja vivió en la casa de él, Maipú 994, 6° piso B, compartiendo sus días con Leonor Acevedo. En el recuerdo de Elsa, contra lo que pudiera pensarse, la madre del escritor no intervino para perjudicar la relación. Diría años más tarde: "Mientras vivimos juntos nos llevamos muy bien. Es increíble, pero lo pasamos muy bien como matrimonio y con la madre".

¿Hasta dónde creerle? Según los amigos del escritor, los celos de Elsa hacia Leonor Acevedo eran terribles, y no permitía que Borges le diera dinero, como lo había hecho durante años. Unos meses después del casamiento, la pareja se mudó a un departamento de la calle Belgrano, donde hicieron por primera vez la experiencia de vivir juntos y solos, y allí la rivalidad entre su esposa y su madre cobró mayor virulencia y el escritor tuvo que empezar a visitar a escondidas a Leonor.
Esa experiencia, además, llevaría a la pareja a enfrentar definitivamente la realidad: la convivencia era intolerable. En una entrevista publicada en 1993, Elsa Astete admitió que no fue feliz junto a Borges: "Era introvertido, callado y poco cariñoso. Era etéreo, impredecible. No vivía en un mundo real ".

La rutina matrimonial tampoco parece haber sido excitante: "Yo lo despertaba a las 8 de la mañana. Ya estaba el baño preparado. Se bañaba durante una hora; después salía con olor a jabón, ¡qué rico! Se vestía. Tomaba su café con leche con pan y manteca, y se iba a la Biblioteca. Volvía a la 1. Almorzábamos. Se iba a dormir hasta las 4 y media. Tomaba un café con leche, no le gustaba el té, y se iba a la Biblioteca otra vez. Llegaba a las 8 de la noche. A esa hora,casi todos los días, íbamos a lo de Bioy Casares a cenar. Cuando volvíamos, Georgie se ponía su pijamita, y nos íbamos al living a leer hasta las 2 ó 2 y media de la madrugada".

En palabras de María Esther Vázquez, "la vida con Elsa era de una aridez desoladora. Según contaba el propio Borges, los únicos temas de conversación eran los recorridos de los tranvías o de los colectivos. En la mesa, al mediodía, a la hora del té y a la noche, había largas discusiones entre Elsa y su hijo acerca de qué calles tomaba el ómnibus 48 en su largo viaje al barrio de Flores. (Borges) se aburría (...). Le gustaba contar sus sueños y soñaba casi todas las noches; por eso, le extrañaba al principio y le molestaba después que Elsa jamás soñara. No podía concebirlo".

A poco de casarse, Elsa había comenzado a adueñarse del Borges público además del privado. Le manejaba el aspecto y también el dinero. "A la casa la administraba yo. Georgie odiaba la plata y me decía: ‘Vos ocupate de cobrar lo que sea. Odio la plata y, más aún, hablar de ella. A mí no me des nada. Yo te pediré cuando necesite para mis libros...".

María Esther Vázquez cuenta que Elsa lo instaba a cobrar sus conferencias y a duplicar el caché momentos antes de que se iniciaran, cuando la sala ya estaba llena, y añade que su esposa no era la mayor admiradora del escritor.

Cuando Borges, soberbio e irónico, se burlaba de su propia fama ("El día en que se den cuenta de que soy un impostor, cuando realmente lean las pobres páginas que he escrito, comprenderán que se han equivocado y me echarán con furia de todos lados"), la única que lo tomaba en serio era Elsa, quien llegó a decirle: "Mirá, aprovechá tu cuarto de hora; hoy estás en el candelero, pero dentro de dos o tres años nadie se va a acordar de vos...".

La separación. No puede saberse cuándo empezó a tomar forma en Borges la idea de la separación. En agosto de 1970, repentinamente, se dio cuenta de que ya no quería regresar a su casa, pero postergó la decisión.

Por un tiempo se entretuvo con viajes, premios y la ilusión recurrente de recibir el Nobel, y una mañana de octubre salió de su casa como siempre, para ir a la Biblioteca, y nunca regresó. Unos meses más tarde, mientras paseaba por Florida con su sobrino Miguel, Elsa Astete Millán se cruzó con el escritor y lo saludó. "¿Quién es?", preguntó Borges, definitivamente ciego. "Es Elsa, tío", respondió Miguel.

Y Borges volvió a preguntar: "¿Y quién es Elsa?".

BORGES Y MARÍA ESTHER VÁZQUEZ
Por Luis G. Prado

JORGE L. BORGES Y MARÍA ESTHER VÁZQUEZ.


El retrato, desde luego, no es aséptico: María Esther Vázquez fue, según confesión propia, uno de los muchos amores de Borges, aunque al parecer no del todo correspondido por ella. Como otras mujeres que la antecedieron y siguieron, Vázquez atendió al escritor en las largas décadas de ceguera que precedieron a su muerte.

En su biografia hecha a Borges Maria Esther, expresa un indisimulado recelo hacia María Kodama, la segunda esposa y albacea literaria de Borges. El papel de esta última en alejar a Borges de sus amigos y de su familia en el último lustro de su vida parece indiscutible; cosa distinta es si aporta algo la relación de pequeños deslices y mezquindades que Vázquez le achaca, y que parecen nimiedades innecesarias ante el cargo mayor que construye contra Kodama: haber dominado al Borges anciano, amargado sus días, precipitado su muerte y alterado su testamento, nada menos.

Ajustes de cuentas aparte (aunque debe notarse que sólo este afán explica el título del libro), Esplendor y derrota no es una gran biografía. Sabemos lo que sucede, pero no por qué. El estricto orden cronológico no es literario (y la biografía es, a no dudarlo, literatura). Alternativamente se ofrece demasiado poco (de los años formativos de Borges: sabemos a quién conoció, pero no quiénes eran, qué significaban, todos aquellos poetas argentinos que se enumeran fatigosamente) o en exceso (la descripción pormenorizada de sus viajes). La narración se pierde con frecuencia en disgresiones, y en ocasiones repite datos que ya ha ofrecido unas páginas antes. No obstante, pueden salvarse de la biografía las jugosísimas anécdotas borgianas y los breves comentarios a algunas de sus obras, que desentrañan aspectos oscuros referidos a la influencia del entorno y las vivencias del autor sobre ellas.


Como aproximación a Borges, en definitiva, Esplendor y derrota es sólo tolerable. Quien realmente desee conocer al escritor, que no lo dude y acuda directamente a su obra.


BORGES Y MARÍA KODAMA


Borges ya no abandonará la casa materna hasta la muerte de su madre a los 99 años.

Con la visión cada vez más escasa, Borges hizo de su madre su asistente, su guía y compañera de viajes.


A su muerte y ante la invitación de una universidad estadounidense, una joven discípula de ascendencia oriental, María Kodama, viaja con él y se convierte en su secretaria.

Desde 1975 Kodama fue el lazarillo del escritor y su inseparable compañera ocupando el lugar que dejó doña Leonor. Él tenía 76 años, ella promediaba los veinte.

Ambos contrajeron matrimonio mediante un poder en Paraguay 49 días antes de la muerte del escritor ocurrida en Ginebra el 14 de junio de 1986.

Para entonces Kodama era la única heredera de Borges que dejó a Fanny una suma de dinero. "Yo sé que mi vida ha sido una trama de errores", confesaba Borges en 1976. "He sido indiferente, he sido cruel, sí, pero por estupidez", dijo quien se arrepintió públicamente de no haber sido "más feliz".

Ya completamente ciego, se le preguntó qué desearía volver a ver si recuperara la visión: "Por raro que parezca, yo diría mujeres, ¡mujeres jóvenes!", respondió.



EL ATLAS DE BORGES

El “Atlas de Borges” es un libro fruto de los viajes que con María Kodama y su cámara de fotos realizó Borges en los últimos años de su vida.


Es por tanto, el Atlas de Borges, un recorrido de recorridos de recorridos y, como señala Hermán Lombardi, ministro de cultura de la ciudad de Buenos Aires, “al recorrer los mismos lugares generará otra trama, similar pero diferente.”


Son 130 fotografías tomadas por María Kodama acompañadas de epígrafes, haikus y pequeños textos de Borges que, siendo ya ciego, decidió recorrer el mundo para verlo con sus cuatro sentidos restantes.






El poeta ciego y la niña de sus ojos
El Poeta con mayúsculas, para el que el tiempo, el espacio, el infinito, la historia y la mitología conformaban un todo inseparable. El poeta ciego que, como Homero, cuajó el mundo de “sirenas y piedras imanes que enloquecen las brújulas”, de laberintos y mitos que se han convertido en adjetivos. Borges presenta en estas fotos su lado más amable, más humano, más feliz. Nos demuestra, afortunadamente, que mentía cuando escribió aquello de “he cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer, no he sido feliz”. Lo encontramos en Egipto “modificando el Sahara”, en Ginebra hablando con fantasmas ilustres, en Creta perdido en el laberinto, en París, Londres, Madrid…en su Atlas personal, reconstruyendo el relieve, los idiomas, los olores…al pasar sus dedos sobre el mapa invisible.

María Kodama, 30 años menor que Borges, lo acompañó en sus viajes para ejercer el enorme privilegio de ser sus ojos. Con una cámara al hombro y la capacidad de traducir el mundo para él, se convirtió en su musa, en la niña de sus ojos. Así, encontramos toda una serie de Haikus en el libro “La Cifra” dedicados a ella, “¿es o no es el sueño que olvidé antes del alba?”. Un atlas para ellos, dice María Kodama, era “un pretexto para entretejer en la urdimbre del tiempo nuestros sueños hechos del alma del mundo”, un lugar para el amor en su acepción más verdadera. No obstante, este amor se ha visto manoseado y ninguneado después de la muerte de Borges; pleitos y reclamos por derechos de autor han conseguido enemistar a muchos intelectuales con la viuda Kodama.




Antelación del amor

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la privanza de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida situándose en palabras o acallamiento
serán favor tan persuasivo de ideas
como el mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis ávidos brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha en la selección del recuerdo,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes,
Arrojado a la quietud
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera quizás como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo




FUENTE:
http://archivo.eluniverso.com/
http://www2.lavoz.com.ar/
http://culturamasiva.blogspot.com/
http://www.taringa.net/


LEE:

HABLANDO DE BORGES CON MARIA KODAMA

JORGE LUIS BORGES - EL TANGO Y PIAZZOLLA - DESCARGA CD´S (Entrega Especial 5 de Borges y Bioy Casares)

EN ESTA ENTREGA ESPECIAL VAMOS A HABLAR DE BORGES, PIAZZOLLA Y EL TANGO. AL FINAL DEL POST ENCONTRARÁS LINKS DE DESCARGA PARA 2 CD´S DE LA MUSICA DE PIAZZOLLA CON LETRAS DE BORGES.



BORGES, EL TANGO Y PIAZZOLLA

Che, Borges... ¿y el tango?
Por Carlos Hugo Burgstaller

PIAZOLLA Y BORGES

Una extraña complicidad de ironías y contradicciones envuelven la relación del escritor con el tango.

Es muy posible que la discusión sobre si a Borges le gustaba o no el tango sea tan baladí como la de si Piazzolla hacía tango o no. Bien, Piazzolla hacía tango.

Ahora es curioso el empecinamiento que muchos tienen en sostener que a Borges no le gustaba el tango. Y es muy posible que al escritor le gustaran muchas más cosas de las que era capaz de aceptar o reconocer. Pero claro, están sus declaraciones; él sostenía a diestra y siniestra que el tango no le gustaba. Y es bueno recordar que sostener que a Borges no le gustaba el tango es una manera de menoscabar su figura haciéndolo aparecer como antiargentino. Porque no hay que olvidar que “pegarle” a Borges es un deporte nacional. Porque Borges excede los límites de la literatura, porque fue polémico, pero porque lo hicieron polémico, fue irónico porque era una forma de defenderse, y porque los que solo alcanzaron la altura de sus salidas ingeniosas nunca llegaron a las cimas de su obra. Claro siempre fue más fácil preguntarle por un jugador de fútbol que por Schopenhauer.

Pero es cierto, Borges solía sostener que no le gustaba el tango; y me pregunto si lo hacía simplemente por provocar, por darle algo de que hablar a los que nada tenían que decir o contestaba lo que muchos querían oír.

Veamos. Cierta vez el locutor Antonio Carrizo al salir con Borges de los estudios de Radio Rivadavia en Buenos Aires, le preguntó:

Carrizo: Usted dice que no le gusta el tango, pero usted mismo es medio tanguero.

Borges: Oiga, soy Borges

Carrizo: Está bien, pero ese poema “Remordimiento” es un poco sensiblero y llorón.

Borges: Tiene razón, pero no me lo diga. Nunca debí haber escrito ese poema tan cerca de la muerte de mi madre.

Y es cierto, Borges era tanguero, pero no por algún poema sensiblero, sino por su obra, su concepción de un Buenos Aires hecho de arrabal, sagüanes, compadritos y toda una mitología que no tiene otro mundo que el del tango. Mucho de los relatos de Borges son tangos mudados a la literatura.

Pero mejor será desandar ese camino de negaciones borgeanas y bucear en las verdaderas opiniones de Borges sobre el tango.

Veamos lo que surge de una charla entre él y Ernesto Sábato:

Borges: Yo no entiendo de música, pero Troilo me gusta. Piazzolla en cambio... Un amigo me llevó a un concierto de él en Córdoba. Tocó seis piezas. Las escuché y me dije: Me voy, como no tocan tango, hoy... Es que mi cuerpo no lo acompaña. Nunca me gustó el bandoneón. Llegó después que el piano, el violín y la flauta.

Sábato: Pero llega a tiempo para convertir al tango, como diría Santo Tomás, “lo que era antes de ser”... Ya sé que a usted el bandoneón no le gusta.

Borges: Tampoco me gusta Gardel.

Y aquí me hago la primera pregunta: ¿No será que, en realidad, a Borges le gustaba determinado tipo de tango nada más? ¿Acaso no confesaba que gustaba de Troilo? Y si así era, ¿eso invalida al tango? A mi hay tangos que no me agradan, pero eso no significa que el tango no me gusta.

Me parece indudable que, por distintas razones, a Borges le gustaba aquel tango compadrón, o compadrito, el de flauta, guitarra y violín, más cercano a su universo, (real o imaginario) más propio de su visión de un mundo que tal vez nunca vio y él reconstruyó por lo que le contaron.

En una charla con Fernando Sorrentino el escritor sostiene, entre otras cosas: “Yo de chico -me he criado en un barrio pobre, en Palermo, el barrio de Carriego-, he visto bailar con corte a los hombres en las esquinas. Porque ninguna mujer iba a bailar eso, porque sabían que era un baile infame.... Cuando supieron que eso lo bailaba la gente bien, entonces la gente se resignó y lo bailó, pero fue muy resistido por el pueblo el tango, porque lo veían como un baile de gente de mala vida. Pero era muy distinto, porque era un baile muy alegre, muy movido, con figuras... obscenas, ¿francamente, no? En París lo adecentaron mucho, lo entristecieron y después vinieron personas que se encargaron ya de cambiarlo. Por ejemplo, La cumparsita ya corresponde a ese cambio. También Gardel, que no tiene nada que ver con la manera vieja de cantar el tango.”

Y sospecho que el fondo de la cuestión no está muy lejos de esto: A Borges llegó a gustarle el tango alegre, no el nostálgico que vino después. Ese tango que estaba más cerca de sus sueños juveniles que de Pascual Contursi. Pero sigamos un poco más:

“En cuanto a los orígenes del tango, -sigue diciendo Borges- me han interesado. Yo he conversado con Saborido, con Ernesto Ponzio, he conversado con don Nicolás Paredes, que fue caudillo en Palermo, he conversado con un tío mío que era niño-bien-calavera; he conversado con gente de Montevideo, de Rosario. Y todos me han dado el mismo origen”.

Y vuelvo a las sospechas, quizás, a Borges le gustaba ese tango hecho de picardía, de esquinas, de su barrio, incluso de sus relatos.

Ahora es bien sabido de su preferencia por la milonga, que está más cerca de aquel tango compadrito y alegre que él gustaba. Aunque su trabajo “Para las seis cuerdas” lejos está de aquellas letras picaras, más bien se emparientan con aquellas milongas fatales, en las que no están ausente el cuchillo, el amor, el coraje y la muerte. Y tal vez, contradiciéndose sin querer, deja que ese trabajo llegue al disco con la voz de Edmundo Rivero y la música de Astor Piazzolla.

Recorriendo los versos de “El tango” (1964) me encuentro con un tango que es tumba de aquellos personajes que, quizás, si para Borges eran el tango:

Aunque la daga hostil o esa otra daga,
El tiempo, los perdieron en el fango,
Hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
Muerte, esos muertos viven en el tango.
En la música están, en el cordaje
De la terca guitarra trabajosa,
Que trama en la milonga venturosa
La fiesta y la inocencia del coraje.

Y me detengo en un punto donde, es solo una pretensión, aspiro a cruzarme con el sentimiento de Borges. Es recurrente en su obra el coraje. ¿Quizás porque él no era un hombre valiente? Tal vez. Y así, constantemente, la figura del compadrito, o del compadre, del que no tiene un instante de duda a la hora de enfrentar la muerte de la mano de un cuchillo, siempre está presente en su obra. Y esos personajes, hechos a cuchillo y coraje desaparecen del tango cuando este se hace sentimental. Entonces ya es el hombre que llora por la mujer que se le fue, por el engaño, latraición de la mina. Y Borges no aceptaba eso, él pensaba como había dicho el caudillo Paredes: “un hombre que piensa cinco minutos seguidos en una mujer no es un hombre, es un manflora”..

María Esther Vázquez, privilegiada amiga de Borges, cuenta en su libro “Borges, esplendor y derrota” lo siguiente: “Al mismo tiempo que nuestro escritor afirmaba su lugar en la literatura, hacía otras cosas. Por ejemplo, aprendió a bailar el tango (¡!) y la milonga. Es probable que le hayan enseñado a Güiraldes, él tenía fama de ser un gran bailarín, lo mismo que Victoria Ocampo, con quien compartió veladas tangueras. El entusiasmo (¿?) de Borges por el tango lo llevó a componer, con el músico Octavio Portela Cantilo, uno titulado Biaba con caldo, o sea, traducido del lunfardo, “paliza con sangre”. Parece que era muy divertido y compadrón; por desgracia, se ha perdido”. Creo que sobre esto no hay nada que agregar.

En definitiva si Borges sostenía que no le gustaba el tango no le creo. Sí me resulta más verosímil que ese comentario formaba parte de la personalidad de el personaje Borges, el de las notas en las revistas, el de las respuestas a las preguntas rápidas y malintencionadas.

Estoy tan seguro que a Borges le gustaba el tango como tanto tango hay en sus obras. Y algún mensaje misterioso me dice que lo que, en definitiva, Borges rescataba de aquellos tangos están en la última estrofa de su poema “El Tango”.

.... El tango crea un turbio
Pasado irreal que de algún modo es cierto,
El recuerdo imposible de haber muerto
Peleando, en una esquina del suburbio.
Para Borges el tango era el coraje, lo que vino después, sencillamente, no le gustó·

POEMA DE BORGES

El tango Jorge Luis Borges ¿Dónde estarán?, pregunta la elegía
de quienes ya no son, como si hubiera
una región en que el Ayer pudiera
ser el Hoy, el Aún y el Todavía.
¿Dónde estará (repito) el malevaje
que fundó, en polvorientos callejones
de tierra o en perdidas poblaciones,
la secta del cuchillo y del coraje?
¿Dónde estarán aquellos que pasaron,
dejando a la epopeya un episodio,
una fábula al tiempo, y que sin odio,
lucro o pasión de amor se acuchillaron?
Los busco en su leyenda, en la postrera
brasa que, a modo de una vaga rosa,
guarda algo de esa chusma valerosa
de los Corrales y de Balvanera.
¿Qué oscuros callejones o qué yermo
del otro mundo habitará la dura sombra
de aquel que era una sombra oscura,
Muraña, ese cuchillo de Palermo?
¿Y ese Iberra fatal (de quien los santos
se apiaden) que en un puente de la vía,
mató a su hermano el Ñato, que debía
más muertes que él, y así igualó los tantos?
Una mitología de puñales
lentamente se anula en el olvido;
una canción de gesta se ha perdido
en sórdidas noticias policiales.
Hay otra brasa, otra candente rosa
de la ceniza que los guarda enteros;
ahí están los soberbios cuchilleros
y el peso de la daga silenciosa.
Aunque la daga hostil o esa otra daga,
el tiempo, los perdieron en el fango,
hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
muerte, esos muertos viven en el tango.
En la música están, en el cordaje
de la terca guitarra trabajosa,
que trama en la milonga venturosa
la fiesta y la inocencia del coraje.
Gira en el hueco la amarilla rueda
de caballos y leones, y oigo el eco
de esos tangos de Arolas y de Greco
que yo he visto bailar en la vereda,
en un instante que hoy emerge aislado,
sin antes ni después, contra el olvido,
y que tiene el sabor de lo perdido,
de lo perdido y lo recuperado.
En los acordes hay antiguas cosas:
el otro patio y la entrevista parra.
(Detrás de las paredes recelosas
el Sur guarda un puñal y una guitarra.)
Esa ráfaga, el tango, esa diablura,
los atareados años desafía;
hecho de polvo y tiempo, el hombre dura
menos que la liviana melodía,
que sólo es tiempo. El tango crea un turbio
pasado irreal que de algún modo es cierto,
un recuerdo imposible de haber muerto
peleando, en una esquina del suburbio
Alguien le dice al tango




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CD: EL TANGO


En 1965, Astor Piazzolla y Jorge Luis Borges se unieron para crear juntos “El tango”, un disco en el que participaron el Quinteto de Piazzolla, Edmundo Rivero y Luis Medina Castro. El disco incluyó varias milongas y tangos compuestos sobre poemas recientes del escritor argentino, en su mayoría publicados en su libro de poemas "Para las seis cuerdas".

Se agregaron a la lista otros tres: “El Tango”, “Oda íntima a Buenos Aires” y “Alguien le dice al tango”, este último incluido en la primera edición de "Para las seis cuerdas" pero excluido en la segunda. Se incluyó también una suite que Piazzolla había compuesto en 1960 inspirándose en la obra de Borges “Hombre de la esquina rosada” y que nunca había sido grabada.

En general las letras se ciñen al texto de los poemas publicados por Borges. En otras ocasiones, hay diferencias, todas ellas consentidas o decididas por el escritor, puesto que estuvo presente durante las grabaciones y se dice que solía llamar al maestro Piazzolla en medio de la noche para comentarle cambios que se le habían ocurrido para algún verso.La “Milonga de Jacinto Chiclana” publicada por Borges, por ejemplo, tiene tres estrofas que faltan en la versión musical del poema. Lo mismo ocurre con “Milonga de Don Nicanor Paredes”, que tiene cuatro estrofas más que la canción.

Un capítulo aparte merecen el decir del actor argentino Luis Medina Castro y... de Edmundo Rivero, ya hemos hablado. Pero valga decir que no por casualidad fue elegido para poner la voz en tan majestuosa obra.

El escritor asistió a las grabaciones en los estudios de EMI Odeón. Según rescata Oscar López Ruiz, integrante del Quinteto, en el libro "Piazzolla loco, loco, loco", Astor se acercó en plena grabación a Borges para preguntarle por la interpretación de Edmundo Rivero. Con su humor irónico y punzante, el escritor respondió: "Sí, claro. Pero a mi me gustaba más como cantaba la chica", en referencia a la esposa de Piazzolla, que ni siquiera era intérprete. "Fue tal la explosión de carcajadas que los cristales de la sala de control casi se parten", comenta López Ruiz.

El vínculo personal entre Piazzolla y Borges no terminó en buenos términos. En 1976, el músico explicó que "lo que pasa es que fui el único que se animó a refutar a Borges". De todas formas, el compositor volvió en 1987 sobre tres cuentos borgeanos "El sur", "La instrusa" y "El hombre de la esquina rosada" para elaborar la obra "Tango apasionado. The rought and the ciclycal night". Antes, en 1982, musicalizó la película "La intrusa" basada en un cuento de Borges. Esta relación de amor y odio entre ambos quedó cristalizada en la obra teatral "Entre Borges y Piazzolla" con Pepe Soriano, Juan Carlos Copes y Raúl Lavie y en el disco "Borges & Piazzolla" con Lito Cruz, Daniel Binelli y Jairo.


Tracklist:01. El Tango (Piazzolla/Borges)
02. Jacinto Chiclana (Piazzolla/Borges)
03. Alguien le dice al Tango (Piazzolla/Borges)
04. El titere (Piazzolla/Borges)
05. A Don Nicanor Paredes (Piazzolla/Borges)
06. Oda intima a Buenos Aires (Piazzolla/Borges)
07. El hombre de la esquina rosada:
a- Aparicion de Rosendo (Piazzolla/Borges)
b- Rosendo y La Lujanera (Piazzolla/Borges)
c- Aparicion de Real (Piazzolla/Borges)
d- Tango para Real y La Lujanera(Piazzolla/Borges)
e- Milonga nocturna (Piazzolla/Borges)
f- Bailongo (Piazzolla/Borges)
g- Muerte de Real (Piazzolla/Borges)
h- Epilogo (Piazzolla/Borges)


Musicos:

Astor Piazzolla - bandoneon y dirección musical
Edmundo Rivero - voz (cantando)
Luis Medina Castro - voz (poesía, recitado)
Jaime Gosis – piano
Oscar Lopez Ruiz – guitarra
Roberto Fillippo – oboe
Margarita Zamek – arpa
Antonio Yepes - timbales y xilofón
Leo Jacobson - guiro y percusión
Antonio Agri – primer violín
Hugo Baralis - segundo violin
Mario Lalli – viola
José Bragato – cello
Kicho Diaz - bajo



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BORGES Y PIAZZOLLA TANGOS Y MILONGAS

EL HOMBRE DE LA ESQUINA ROSADA
BORGES & PIAZZOLLA / DANIEL BINELLI - JAIRO - LITO CRUZ

Suite parar 12 Instrumentos, narrador y cantante

1. I. Aparición de Rosendo (3:47)
2. II. Rosendo y la Lujanera (2:15)
3. III. Aparición de Real (3:21)
4. IV. Milonga nocturna (2:48)
5. V. Bailongo (1:15)
6. VI. Muerte de Real (4:43) 13. VII. Epílogo


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lunes, 26 de enero de 2009

JORGE LUIS BORGES - DIALOGOS: BORGES/SÁBATO (Entrega Especial 4 de Borges y Bioy Casares)


EN ESTA ENTREGA ESPECIAL INCLUIREMOS FRAGMENTOS DE ESTE LIBRO DE ORLANDO BARONE, UNA COMPILACION DE LOS DIALOGOS ENTRE BORGES Y SABATO.
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JORGE LUIS BORGES, ILUSTRACION DEL ARTISTA PLASTICO ARGENTINO Y UNIVERSAL, LUIS DE BAIROS MOURA DE LA SERIE 'MITOS ARGENTINOS'




DIALOGOS: BORGES/SÁBATO

JORGE LUIS BORGES Y ERNESTO SABATO



A fines de 1974 Orlando Barone tuvo la iniciativa de reunir a Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato para que intercambiaran sus ideas. Con el minucioso registro de los encuentros realizados entre ambos escritores, compaginó luego los “Diálogos” que integran este volumen.


En esas largas y lúcidas conversaciones dejaron en claro sus raras coincidencias y sus numerosas diferencias acerca de los temas que atarearon su quehacer literario. La realidad y los sueños, la idea de Dios, el amor, el arte de traducir, el tango, el teatro y el cine; entre personas y personajes, ideas y obsesiones, componen un vasto collage.



SABATO Y BORGES EN LA PLAZA DORREGO



"Dialogos: Borges/Sabato" es un libro que reúne las conversaciones entre Ernesto Sabato y Jorge Luis Borges, quizás, los dos escritores más importantes de la literatura argentina. Esos encuentros se realizaron entre 14 de diciembre de 1974 y el 15 de marzo de 1975. A instancias de Orlando Barone se produjo el reencuentro de los dos escritores, en bares y en el departamento de una amiga en común. "...En esas largas y lúcidas conversaciones Borges y Sabato dejaron en claro sus raras coincidencias y sus numerosas diferencias acerca de los temas que atarearon su quehacer literario. La realidad y los sueños, la idea de Dios, el amor, el arte de traducir, el tango, el teatro y el cine; entre personas y personajes, ideas y obsesiones...".

SABATO Y BORGES EN EL PARQUE LEZAMA

14 de diciembre de 1974


Creo que se tocaron las manos. Y un brazo o el hombro tal vez. Suelo imaginar más que lo que veo.

Se deben de haber dicho, no obstante, esas cosas comunes y triviales de todos: Hola, Borges; Qué dice, Sábato...

Mi obligación de testigo es registrar las palabras exactas. Pero ese momento cualquiera puede haberlo soñado siempre (cualquier escritor, cualquier artista) y es mejor hacer compartir las sensaciones, no las palabras.

Sé que venían por el pasillo de la casa, tomados del brazo, lentamente. El bastón era un péndulo en las manos de Borges.

Entreví dos sombras y detrás a dos hombres y, dentro de las sombras y los hombres, entreví el amor y la muerte, la lucha y el arte, es decir: la vida.

No me importó que apenas me saludaran (puedo soportar la idea de que por ese rato, de haberme ido, no se hubiesen dado cuenta).

La cinta empezó a girar.

SABATO Y BORGES EN UN BAR DE BUENOS AIRES



Capítulo 1


Borges: ¿Cuándo nos conocimos? A ver... Yo he perdido la cuenta de los años. Pero creo que fue en casa de Bioy Casares, en la época de Uno y el Universo.

Sábato: No, Borges. Ese libro salió en 1945. Nos conocimos en lo de Bioy, pero unos años antes, creo que hacia 1940.

Borges: (Pensativo) Sí, aquellas reuniones... Podíamos estar toda la noche hablando sobre literatura o filosofía... Era un mundo diferente... Ahora me dicen, sé, que se habla mucho de política. En mi opinión les interesan los políticos. La política abstracta, no. A nosotros nos preocupaban otras cosas.

Sábato: Yo diría, más bien, que en aquellas reuniones hablábamos de lo que nos apasionaba en común a usted, a Bioy, a Silvina, a mí. Es decir, de la literatura, de la música. No porque no nos preocupara la política. A mí, al menos.

Borges: Quiero decir, Sábato, que no se hacía ninguna referencia a las noticias cotidianas, fugaces.

Sábato: Sí, eso es verdad. Tocábamos temas permanentes. La noticia cotidiana, en general, se la lleva el viento. Lo más nuevo que hay es el diario, y lo más viejo, al día siguiente.

Borges: Claro. Nadie piensa que deba recordarse lo que está escrito en un diario. Un diario, digo, se escribe para el olvido, deliberadamente para el olvido.

Sábato: Sería mejor publicar un periódico cada año, o cada siglo. O cuando sucede algo verdaderamente importante: "El señor Cristóbal Colon acaba de descubrir América". Título a ocho columnas.

Borges: (Sonriendo) Sí... creo que sí.

Sábato: ¿Cómo puede haber hechos transcendentes cada día?

Borges: Además, no se sabe de antemano cuáles son. La crucifixión de Cristo fue importante después, no cuando ocurrió. Por eso yo jamás he leído un diario, siguiendo el consejo de Emerson.

Sábato: ¿Quién?

Borges: Emerson, que recomendaba leer libros, no diarios.

Barone: Si me permiten... aquel tiempo en que se encontraban en lo de Bioy...

Borges: Caramba, usted se refiere a aquel tiempo como si fueran épocas muy lejanas.
(Pareciera evocarlas). Sí, claro, cronológicamente son lejanas. Sin embargo siento, pienso en aquello como si fuera contemporáneo. Además, nos reuníamos pocas veces.

Sábato: El tiempo no existe, ¿no?

Borges: Quiero decir... Como yo sigo mentalmente en esa época... y además la ceguera me ayuda.

Se produce una larga pausa.

Borges: Recuerdo la polémica Boedo-Florida, por ejemplo, tan célebre hoy. Y sin embargo fue una broma tramada por Roberto Mariani y Ernesto Palacio.

Sábato: Bueno, Borges, pero aquel tiempo no fue el mío.
Lo dice con sarcasmo.

Borges: Sí, lo sé, pero recordaba esa broma de Florida y Boedo. A mí me situaron en Florida, aunque yo habría preferido estar en Boedo. Pero me dijeron que ya estaba hecha la distribución (Sábato se divierte) y yo, desde luego, no pude hacer nada, me resigné. Hubo otros, como Roberto Arlt o Nicolás Olivari, que pertenecieron a ambos grupos. Todos sabíamos que era una broma. Ahora hay profesores universitarios que estudian eso en serio.

Si todo fue un invento para justificar la polémica. Ernesto Palacio argumentaba que en Francia había grupos literarios y entonces, para no ser menos, acá había que hacer lo mismo. Una broma que se convirtió en programa de la literatura argentina. Sábato: ¿Recuerda, Borges, que, aparte de la literatura y la filosofía, usted y Bioy sentían una gran curiosidad por las matemáticas? La cuarta dimensión, el tiempo... aquellas discusiones sobre Dunne y el Universo Serial...

Borges: (Aprieta el bastón con las dos manos, se yergue un tanto, casi con entusiasmo) ¡Caramba! Claro... los números transfinitos, Kantor...

Sábato: El Eterno Retorno, Nietzsche, Blanqui...

Borges: Y, siglos antes, ¡los pitagóricos, o los estoicos!

Sábato: Las aporías, Aquiles y la tortuga... Nos divertíamos mucho, sí. Recuerdo cuando Bioy leía los cuentos de Bustos Domecq recién salidos del horno. Pero a Silvina no le gustaban, permanecía muy seria.

Borges: Bueno, Silvina solía leer esos textos con indulgencia y gesto maternal. A mí, sin embargo, los cuentos de Bustos Domecq me causaban gracia.

Sábato: Recuerdo que también hablábamos mucho de Stevenson, de sus silencios. Lo que calla, a veces más significativo que lo que expresa.

Borges: Claro, los silencios de Stevenson... y también Chesterton, Henry James... no, creo que de James se hablaba menos.

Sábato: Al que le interesaba mucho era a Pepe Bianco.

Borges: Sí, él había traducido The Turn of the Screw. Mejoró el título, es cierto. Otra vuelta de tuerca es superior a La vuelta de tuerca ¿no?

Sábato: Representa con más claridad la idea de la obra. Al revés que con ese libro de Saint-Exupéry llamado Terre des Homme que aparece traducido como Tierra de hombres. Como quien dice "Tierra de machos". Si hasta parece un título para Quiroga o Jack London. Cuando lo que en realidad quiere significar (además lo dice literalmente) es Tierra de los Hombres, la tierra de estos pobres diablos que viven en este planeta. No sólo ese traductor no sabe francés sino que no entendió nada de Saint-Exupéry ni de su obra entera. Pero a propósito, Borges, recuerdo algo que me llamó la atención hace un tiempo en su traducción del Orlando, de Virginia Woolf...

Borges: (Melancólico) Bueno, la hizo mi madre... yo la ayudé.

Sábato: Pero está su nombre. Además, lo que quiero decirle es que encontré dos frases que me hicieron gracia porque eran borgeanas, o así me parecieron. Una cuando dice, más o menos, que el padre de Orlando había cercenado la cabeza de los hombres de "un vasto infiel". Y la otra, cuando aquel escritor que volvió hacia Orlando y "le infirió un borrador". Me sonaba tanto a Borges que busqué el original y vi que decía, si no recuerdo mal, algo así como presented her a rough draft.

Borges: (Riéndose) Bueno, sí, caramba...

Sábato: No tiene nada de malo. Sólo muestra que casi es preferible que un autor sea traducido por un escritor medio borroso e impersonal ¿no? Recuerdo que hace mucho tiempo vi una representación de Macbeth. La traducción era tan mala como los actores y la pintarrajeada escenografía. Pero salí a la calle deshecho de pasión trágica. Shakespeare había logrado vencer a su traductor.

Borges: Es que hay ciertas traducciones espantosas... Hay un film inglés cuyo título original The Imperfect Lady lo tradujeron aquí como La cortesana o La ramera. Perdió toda la gracia. Precisamente alterar de esa forma el título, que es donde más ha trabajado el autor. Cuando eligió uno es porque lo ha pensado mucho. Nadie, ni el traductor, debe creerse con derecho a cambiarlo.

Sábato: ¿Y acaso el título no es la metáfora esencial del libro? Del título podría decirse lo que se ha afirmado de los sistemas filosóficos, que casi siempre son desarrollo de una metáfora central: El Río de Heráclito, La Esfera de Parménides...

Borges: Claro, suponiendo que los títulos no sean casuales. Bueno, y que los libros tampoco ¿no?
Borges parece buscar algo en el pasado. Sábato debe intuir esa búsqueda de la evocación y también el inminente monólogo. Quedan muchas horas, mucho tiempo delante.

Borges: Hablando de libros, los primeros que se ocuparon aquí de "promover" sus libros fueron José Hernández y Enrique Larreta. Después, Girondo. De él todos recuerdan cuando se publicó El espantapájaros y desfiló en un coche con uno de esos muñecos por la calle Florida... En cambio, en un tiempo anterior, el de Lugones y de Groussac, cuando editaban sus libros sólo trascendían en el ámbito de las librerías. Mi propia experiencia no fue distinta. Con trescientos pesos que me dio mi padre hice imprimir trescientos ejemplares de mi primer libro. ¿Qué otra cosa pude hacer que repartirlos y regalarlos a los amigos? ¿A quién le importaba alguien que escribía poemas y se llamaba Borges?

Sábato: El editor le publica al escritor que todos se disputan. Eso hace difícil cualquier comienzo. Sin embargo, es extraño, uno ve ahora los estantes de las librerías y es como una invasión de títulos. Debe haber más autores que lectores. Y otro fenómeno: el de los kioscos. Antes, por el año 35, solamente Arlt se vendía en la calle.

Borges: (Lleno de asombro) ¿Libros en los kioscos?

Sábato: (Sonriendo) Sí, también los suyos: El Aleph, Ficciones y los clásicos.

Borges alza aún más la cabeza como para asombrarse de cerca, inquiere más con un gesto.

Sábato: Sí, y me parece bien que sus libros estén allí en la calle, al paso de cada lector.

Borges: Pero... es que antes no era así, claro...

Sábato: Sin embargo, hubo un tiempo en que en los almacenes de campo, cuando hacían sus pedidos a Buenos Aires, junto a las bolsas de yerba y aperos, pedían ejemplares del Martín Fierro.

Borges: Esa noticia ha sido divulgada o imaginada por el propio Hernández. La población rural era analfabeta.
Hay un silencio apenas fastidiado por el ruido de los vasos. Hace calor, pero creo que todos lo hemos olvidado. Queda flotando la última palabra.

Borges: Martín Fierro... Un personaje que no es un ejemplo. Es admirable el poema como arte, pero no el personaje.
Los ojos de Sábato, ahora escudriñan el rostro de Borges. Se le nota la ansiedad por hablar, pero espera.

Borges: Fierro es un desertor que paradójicamente deleita a los militares. Pero si usted le dice eso a un hombre de armas, se indigna. Hasta Ricardo Rojas en la Historia de la Literatura Argentina lo defiende con argumentos inexistentes. Alega que en el libro se ve la conquista del desierto, la fundación de ciudades. Francamente nadie ha leído una sola palabra de eso.

Sábato: Creo que Fierro es un iracundo, un rebelde ante el tratamiento de frontera, y ante muchas de las injusticias de su tiempo.

Borges cierra y abre los ojos, se mueve un poco sin perder esa posición arrogante, pero no agresiva.

Borges: No, no pienso así, Martín Fierro no fue un rebelde. Desertó porque no le pagaban sus haberes y se pasó al enemigo, no sin esperanza de participar fructuosamente en algún malón. Pero tampoco el autor fue rebelde. José Hernández Pueyrredón pertenecía a la alta clase de los estancieros, era pariente de los Lynch y los Udaondo. Si le hubieran dicho "gaucho" se habría indignado. Un gaucho era algo común, pero Martín Fierro es una excepción en la llanura. Porque un matrero lo es y por eso recordamos a unos pocos: Hormiga Negra, que murió por 1905 tal vez. Es que el gaucho matrero es una excepción como lo es el guapo entre los compadritos. Mi abuela en el 72 ó 73 vio a los soldados en el cepo. Hernández no conoció nada de eso. Se documentó, se basó mucho en el libro de su amigo Mansilla. Y por eso no acepto que Martín Fierro sea un mensaje de protesta social; es más bien un alegato contra el Ministerio de la Guerra como le llamaban entonces. No creo que Hernández ansiara un nuevo orden social, Sábato.

Sábato: Que Hernández perteneciera a la clase alta, no es un argumento. También fueron aristócratas o burgueses Saint-Simon, Marx, Owen, Kropotkin. No sabía que Hernández era pariente de los Lynch. Lo mismo que Guevara. En cuanto al Martín Fierro, pienso que describe el exilio de los gauchos en su propia patria. Es un canto para los pobres. No sé cual habrá sido el propósito deliberado de Hernández al escribirlo y eso no importa. Usted sabe que los propósitos siempre son superados por la obra, cuando se trata del arte. Quién recuerda en qué acceso de patriotismo Dostoievsky se propuso escribir un librito titulado Los borrachos, contra el abuso del alcohol en Rusia: le salió Crimen y castigo.

Borges: Claro, si el Quijote fuera simplemente una sátira contra los libros de caballería no sería el Quijote. Si al final, cuando termina la obra, el autor piensa que hizo lo que se propuso, la obra no vale nada.

Sábato: Tal vez los propósitos sirvan como trampolín para lanzarse después a aguas más profundas. Allí empiezan a trabajar otras fuerzas inconscientes, poderosas y más sabias que las conscientes. Las que en definitiva revelan las grandes verdades. Pero volviendo al Martín Fierro, lo que usted dijo antes lo comparto en algo: no se lo debe valorar como testimonio de protesta. O diría, mejor, por el solo hecho de ser un libro de protesta. Porque en este caso, cualesquiera fueran sus valores morales, no alcanzaría a ser una obra de arte. Pienso que si Martín Fierro vale es porque a partir de esa rebeldía accede a esos altos niveles y expresa los grandes problemas espirituales del hombre, de cualquier hombre y en cualquier época: la soledad y la muerte, la injusticia, la esperanza y el tiempo.

Borges: (Que ha escuchado con atención. La cara orientada hacia el exacto lugar donde está Sábato.) Reconozco que Fierro es un personaje viviente, que como pasa con las personas reales puede ser juzgado muy diversamente, según se lo mire.

Sábato: De allí las muchas interpretaciones que permite: sociológicas, políticas, metafísicas.

Borges: (Como disculpándose) Pero yo no he dicho una sola palabra en contra de la obra...

Sábato: Es que ha habido reportajes donde usted aparece diciendo ciertas cosas... Me parece útil que se aclare.

Borges: He dicho, sí, que proponer a Martín Fierro como personaje ejemplar es un error. Es como si se propusiera a Macbeth como buen modelo de ciudadano británico ¿no? Como tragedia me parece admirable, como personaje de valores morales, no lo es.

Sábato: Lo que prueba que un gran escritor no tiene por qué crear buenas personas. Ni Raskolnikov ni Julien Sorel, por citar algunos, pueden juzgarse como buenas personas. Casi nadie en la gran literatura.

Borges: Qué extraño. Ahora recuerdo que Macedonio Fernández tenía una teoría que yo creo errónea. él decía que todo personaje de novela tenía que ser moralmente perfecto. Desde esa perspectiva, sin conflictos, resultaría difícil escribir algo... él se basaba en el concepto: "El arquetipo ideal de la épica".

Sábato: Parecería un chiste.

Borges: No. Era en serio. Bueno, sería como anular la novela ¿no?
Sábato: Basta considerar los grandes protagonistas de novelas. Siempre marginados, tipos casi siempre fuera de la ley outsiders.

Borges: Hay una frase de Kipling que escribió al final de su vida: "A un escritor puede estarle permitido inventar una fábula pero no la moraleja". El ejemplo que eligió para sostener su teoría fue el de Swift, que intentó un alegato contra el género humano y ahora ha quedado Gulliver, un libro para chicos. Es decir: el libro vivió, pero no con el propósito del autor.

Sábato: Es lo bastante complejo para ser un espantoso alegato y a la vez un libro de aventuras para chicos. Esa ambigedad es frecuente en la novela.

Borges: Se me ocurre algo. Supongamos que Esopo existió y que escribió sus fábulas. Pero posiblemente le divertía más la idea de animales que hablan como hombrecitos que las moralejas. Esas moralejas se agregaron después.

Sábato: Es que ninguna obra de arte es moralizadora en el sentido edificante de la palabra. Si sirven al hombre es en un sentido más profundo, como sirven los sueños, que casi siempre son terribles. O las tragedias. Usted habló de Macbeth: es espantoso, pero sirve. Y no sé si lo justo no sería suprimir ese "pero", o en su lugar poner "y por eso mismo.

Borges: Sin duda. Uno de los libros que leí es Le Feu, de Barbusse. Lo escribió contra la guerra y el resultado es casi una exaltación de la guerra.

Sábato: Sarmiento se propuso escribir un libro contra la barbarie y la conclusión fue un libro bárbaro. Porque Facundo expresa lo que hay en el fondo del corazón de Sarmiento: un bárbaro. El álter ego del Sarmiento de jacket.

Borges: Sí, es... el libro más montonero de nuestra literatura, según Groussac......

BORGES Y SABATO

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JORGE LUIS BORGES - ANÉCDOTAS - SU HUMOR- SUS GATOS - BORGES ACTOR - BORGES JUEGA FÚTBOL Y MÁS (Entrega Especial 3 de Borges y Bioy Casares)


EL SIGUIENTE POST CONTIENE VARIAS ANÉCDOTAS Y ARTICULOS ACERCA DE LA RESPUESTAS CREATIVAS DE BORGES ANTE DIFERENTES SITUACIONES

CARICATURA DE BORGES


EL HUMOR DE BORGES


JORGE LUIS BORGES


  • Durante la dictadura militar alguien le comenta a Borges que el general Galtieri, presidente de la República en ese momento, ha confesado que una de sus mayores ambiciones es seguir el camino de Perón y parecerse a él. "¡Caramba! -interrumpe Borges- es imposible imaginarse una aspiración más modesta".

  • Borges firma ejemplares en una librería del Centro. Un joven se acerca con Ficciones y le dice: "Maestro, usted es inmortal". Borges le contesta: "Vamos, hombre. No hay por qué ser tan pesimista".
  • Roma, 1981. Conferencia de prensa en un hotel de la Via Veneto. Además de periodistas, están presentes Bernardo Bertolucci y Franco María Ricci. Borges, inspirado, destila ingenio. Llega la última pregunta. "¿A qué atribuye que todavía no le hayan otorgado el Premio Nobel de Literatura?"- "A la sabiduría sueca".

  • En una entrevista, en Roma, un periodista trataba de poner en aprietos a Jorge Luis Borges. Como no lo lograba, finalmente probó con algo que le pareció más provocativo: "¿En su país todavía hay caníbales?" - "Ya no - contestó aquél -, nos los comimos a todos."

  • En plena Guerra de las Malvinas, opinó que "la Argentina e Inglaterra parecen dos pelados peleándose por un peine" y que "las islas habría que regalárselas a Bolivia para que tenga salida al mar".

  • Sobre la situación de la literatura argentina, Córdoba Iturburu, que la presidía, inquirió a los gritos: "¿Y qué vamos a hacer por nuestros jóvenes poetas?" Desde el fondo llegó otro grito, éste de Borges: "¡Disuadirlos!"

  • En la pausa de un acto cultural, el novelista Oscar Hermes Villordo acompañó a Borges al baño, situado en un primer piso al que se llegaba por una empinada escalera de madera. Cuando volvían, Villordo notó que Borges descendía los escalones demasiado rápido y, temiendo lo peor, le preguntó:"¿No deberíamos ir más despacio?" "Pero no soy yo - aclaró Borges -, es Newton."

  • Borges charla con Antonio Carrizo, en un bar. Por la radio del local se anuncia un tango con letra de León Benarós, amigo de Borges. El locutor propone escucharlo y el escritor acepta. Cuando el tango termina, Carrizo le pregunta qué le pareció. Borges mueve la cabeza y dictamina, muy preocupado: "Esto le pasa a Benarós por juntarse con peronistas".

JORGE LUIS BORGES CON EL LOCUTOR ANTONIO CARRIZO. CANAL 7, BUENOS AIRES, 1973.

  • El poeta Eduardo González Lanuza, uno de los introductores del ultraísmo en la Argentina y gran amigo de Borges, descubre a éste en Florida y Corrientes, solo, con su bastón, esperando para poder cruzar. Lo toca y le dice: "Borges, soy González Lanuza". El vuelve la cabeza y, después de unos segundos, contesta: "Es probable".


FOTOGRAFÍA TOMADA DEL LIBRO "HISTORIA DE LA LITERATURA ARGENTINA VOL II" EDITADA POR CENTRO EDITOR DE AMÉRICA LATINA. PUBLICADA EN NOVIEMBRE 1968 BUENOS AIRES, ARGENTINA


  • En Maipú y Tucumán, un grupo de adictos a Isabel Perón descubre a Borges y lo sigue unos metros, insultándolo. Al ingresar en su casa, un periodista le pregunta cómo se siente. "Medio desorientado - manifiesta - Se me acercó una mujer vociferando: ¡Inculto! ¡Ignorante! "

  • Un joven poeta se acerca a Borges en la calle. Deja en manos del escritor su primer libro. Borges agradece y le pregunta cuál es el título. "Con la patria adentro", responde el joven. -"Pero qué incomodidad, amigo, qué incomodidad".

  • El escritor argentino Héctor Bianciotti recuerda una de las tantas salidas elegantes de Borges, cuando le incomodaban los halagos de la gente: Ocurre en París, en un estudio de televisión.
    -"¿Usted se da cuenta de que es uno de los grandes escritores del siglo?", lo interrogan.
    -"Es que este", evalúa Borges, "ha sido un siglo muy mediocre".

  • Una mañana de octubre de 1967, Borges está al frente de su clase de literatura inglesa. Un estudiante entra y lo interrumpe para anunciar la muerte del Che Guevara y la inmediata suspensión de las clases para rendirle un homenaje. Borges contesta que el homenaje seguramente puede esperar. Clima tenso. El estudiante insiste: "Tiene que ser ahora y usted se va". Borges no se resigna y grita: "No me voy nada. Y si usted es tan guapo, venga a sacarme del escritorio". El estudiante amenaza con cortar la luz. "He tomado la precaución", retruca Borges, "de ser ciego esperando este momento".

  • A principios de la década de los setenta, el escritor y psicoanalista Germán García invita a la Argentina a Daniel Sibony, matemático y psicoanalista francés. Sibony quiere conocer a Borges. Al encontrarse, el francés le pregunta en qué idioma desea hablar. "Hablemos en francés", propone Borges, y justifica: "Dicen que la lengua francesa es tan perfecta que no necesita escritores. A la inversa, dicen que el castellano es una lengua que se desespera de su propia debilidad y necesita producir cada tanto un Góngora, un Quevedo, un Cervantes".

  • Una revista de actualidad reúne a Borges con el director técnico César Luis Menotti. "Qué raro, ¿no? Un hombre inteligente y se empeña en hablar de fútbol todo el tiempo", comenta Borges más tarde.

  • En 1983, un periodista de La Nación pide a Borges su opinión sobre la Guerra de Malvinas. "Absurda", define Borges. "Estoy triste, muy triste. Mandaron a esos pobres muchachos de veinte años a morir al sur. Tener veinte años y pelear contra soldados veteranos es algo atroz, inconcebible. Solamente en el crucero General Belgrano murieron cientos. Claro que los militares dirán que al lado de los desaparecidos esa cifra no es nada, pero no creo que les convenga ese argumento. No, no les va a convenir..."

  • El 10 de marzo de 1978, en la Feria del Libro, Borges se cruza con un escritor al que quiere respeta: Manuel Mujica Lainez. Se abrazan e inician una conversación que es interrumpida una y otra vez por los cazadores compulsivos de firmas. "A veces", se queja Borges, "pienso que cuando me muera mis libros más cotizados serán aquellos que no lleven mi autógrafo."

MANUEL MUJICA LAINEZ


  • En 1975, a los 99 años, muere Leonor Acevedo de Borges, madre del escritor. En el velorio, una mujer da el pésame a Borges y comenta: "Peeero... pobre Leonorcita, morirse tan poquito antes de cumplir los 100 años. Si hubiera esperado un poquito más...". Borges le dice: "Veo, señora, que es usted devota del sistema decimal".

  • Borges y un escritor joven debatiendo sobre literatura y otros temas. El escritor joven le dice: "Y bueno, en política no vamos a estar de acuerdo, maestro, porque yo soy peronista". Borges contestò: "Cómo que no? Yo tambièn soy ciego".

FUENTE:
http://frasesinteresantes.blogspot.com/2007/09/frases-ingeniosas-de-jorge-luis-borges.html

  • En 1983 Borges fue invitado a visitar la escuela normal Mariano Acosta, que cumplía 109 años. Los alumnos le preguntaron sobre su obra durante una hora y media y, cuando se fue, formaron una doble fila de más de cien metros. Borges caminaba por el medio y los alumnos lo vivaban y lo aplaudían con entusiasmo. Antes de que se fuera, le leyeron una décima anónima de un payador desconocido. Claro que todos sabían que el payador desconocido era Elías Carpena, que con sus ochenta y cinco años, resucita el viejo oficio de los gauchos. La décima decia asi:

"De inspiración celestial / los buenos versos que forjes / glorien a Jorge Luis Borges, un escritor de verdad, / que hoy en la escuela normal su presencia requerida / le va dando feliz vida / literaria al alumnado, / que en gozo manifestado, / celebra su bienvenida."

Cuando acabó la décima, Borges le palmeó el hombro al payador y le dijo. "Discúlpeme, Carpena, que me hayan traído en auto, yo, la verdad, quería venir montado en un overo rosao..."

  • En 1977 Borges escribió un cuento para La Nación: "24 de agosto de 1983", donde el propio Borges se soñaba a sí mismo suicidándose en esa preciso fecha, el día en que cumplía 84 años. A medida que se acercaba la fecha de su cumpleaños, apareció mucha gente preocupada por el posible traslado de la ficción a la realidad. Borges entonces comentó:"¿Qué hago? ¿Me comporto como un caballero y convierto en realidad esa ficción para no defraudar a esa gente? ¿O me hago el distraído y dejo pasar las cosas?"

  • "Yo me acuerdo que hace años, cuando todavía existían los bares automáticos, ibamos con Xul Solar a uno que quedaba en Córdoba y Callao. A Xul le gustaba experimentar y como era un inventor nato, y habíá inventado cosas espléndidas, trataba de hallar combinaciones posibles entre los alimentos. Asi, llegó a mezclar café negro con salsa de tomate (verdaderamente repugnante) o sardinas con chocolate (atroz). Probábamos juntos esas mezclas y él mismo comprendía que eran incompatibles los elementos mezclados. Yo creo que las buenas combinaciones ya fueron inventadas y que nada podrá superar al café con leche (su inventor debe haber sido un ser excepcional) que es riquisimo y que es la combinación por excelencia"


SOBRE EL MATE




  • "He tomado mucho mate cuando era joven. Tomar mate, para mí, era la forma de sentirme criollo viejo. Me lo cebaba yo mismo y creo que lo hacía muy mal porque siempre había flotando unos palitos sospechosos. Tenía dos mates, uno común, y otro de los que se llaman galleta. Y ahora, caramba, he perdido el hábito. "

  • "En el Cairo uno entra en una tienda y le ofrecen, inmediatamente, café, vino, frutas... Luego le dicen: 'Bienvenido a Egipto'. Después cuando uno pregunta el precio de algo, con toda cortesía le advierten. '¡No, señor! ¡Es un regalo!' Pero se sobreentiende que esto es una convención y que no es un regalo que se deba aceptar. En seguida viene el regateo, que puede durar media hora o tres cuartos de hora. Uno ofrece cinco y ellos piden veinticinco y todo eso para que, finalmente, el precio quede en diez. Y es una maravilla porque si uno no compra nada, igual son muy corteses”. "Ellos no han descubierto el mate, pero igual han encontrado una manera, casi más simpática, de perder el tiempo. "

FUENTE:
htto:
www.taringa.net


OTRAS

JORGE LUIS BORGES Y ROBERTO ALIFANO

  • "Borges y Perón, un solo corazón!" La proclama no está tomada de una novela de ciencia-ficción. Se escuchó en plena calle Florida, cuando Jorge Luis Borges y Roberto Alifano, por entonces su secretario, se toparon con una manifestación de estudiantes peronistas. "No parecen hostiles", le comentó a Alifano jocosamente el escritor, que no salía de su asombro.

FUENTE::
http://www.clarin.com/diario/2006/08/03/sociedad/s-03901.htm


LA REAL ACADEMIA

  • Resulta curioso, pero me suele ocurrir cuando tomo un taxi en Buenos Aires: el taxista se vuelve y me dice: "¿Es usted, casualmente, Borges?" Yo le respondo: "No sé si casualmente, pero soy Borges". Me aprieta la mano y no quiere cobrarme el trayecto. Estas personas ven en mí algo que no pueden alcanzar: la literatura.


EN CHARLA CON ABEL POSSE

  • Borges: Qué raro que yo que soy uno de los pocos que reparó, quiere y escribió sobre Escandinavia, me sienta rechazado por ella. Me interesó esa región desde que mi padre me regaló una versión inglesa de las Volksunga Saga. Me gustó tanto que después le pedí una Mitología Escandinava. Usted mismo me trajo de un viaje a Islandia la Saga de Grete, en idioma original, cuando yo estudiaba islandés antiguo.... Pero fíjese que yo sabía que me jugaba el Premio Nobel cuando fui a Chile y el presidente ¿cómo se llama?
    Posse: Pinochet.
    Borges: Sí, Pinochet, me entregó la condecoración. Yo quiero mucho a Chile y entendí que me condecoraba la Nación chilena, mis lectores chilenos, no los generales.

  • La última y mejor anécdota que cuenta Di Giovanni da una magia postrera de Borges. Di Giovanni se refiere al dominio que Borges tenía del inglés y su sentido de la prosa en lengua inglesa. Cuenta que para una edición de sus poemas completos en 1964, Borges escogió un epígrafe tomado de las cartas de Stevenson, un pasaje que dice (en inglés): "No quiero presentarme como poeta. Sólo como un hombre dedicado a la literatura: un hombre que habla, no uno que canta... Perdonen esta pequeña apología; pero no me gusta aparecer ante personas que tienen una idea de lo que es cantar y dejarles suponer que yo no sé la diferencia". Di Giovanni fue a buscar la cita original en el volumen II de las obras de Stevenson del que Borges tomó el epígrafe. Se dio cuenta de que Borges se había metido con el texto de Stevenson. No decía, como el citado por Borges, "Perdonen esta pequeña apología; pero no me gusta aparecer ante personas" etc. Más bien, el texto original decía: "Perdonen esta pequeña apología por mi casa; pero no me gusta aparecer ante personas" y lo que sigue. Cuando Di Giovanni le preguntó por qué había suprimido las palabras "por mi casa", Borges dijo que esas palabras sonaban tontas y debilitaban el texto. Pero añadió que para la edición en inglés de su poesía, Di Giovanni podría imprimir el epígrafe en cualquiera de las dos versiones.Unos años después, en Londres, viajando con Borges, Di Giovanni compró una edición de veintiséis volúmenes de la obra de Stevenson. Sintió el impulso de cotejar de nuevo la cita; esta edición se había publicado veinticuatro años después de la que Borges usó, y era una edición corregida. Ahí Di Giovanni encontró que la cita decía: "Perdonen esta pequeña apología por mi musa...". Era entonces "musa" ("muse") y no "casa" ("house"). Ocurrió que la carta original de Stevenson estaba, claro, escrita a mano, y el editor previo había leído equivocadamente "muse" como "house". Borges, sin haber visto el original, había sentido el error. Por cierto que el epígrafe de Stevenson en la última edición de la Obra poética de Borges (Emecé, 1994) no incluye ni "por mi casa" ni "por mi musa".


EL PALABRISTA, EDITORIAL MAREA:

  • "El Palabrista muestra, además, que todavía quedan por descolgar más libros sobre el Borges oral, ese que tan a gusto hablaba en reportajes, conferencias, charlas. Este de Peicovich resulta impresindible para conocer su mundo, su día a día y un par de anécdotas y opiniones que lo pintan de pies a cabeza."

    En una de las entrevistas en España, Borges le pide a Peicovich que lo acompañe al baño. Peicovich no apaga el grabador. Mientras Borges está en el baño, pregunta:-Dígame Peicovich, ¿usted sabe algo de John Birch?
    Y yo, seducido, tratando de no mostrar una grieta ante el padre eterno, hago “la gran argentina”. Respondo:
    -Algo he visto por ahí, pero todavía no lo leí… Creo que es alguien que… ¿qué escribió?-No, m´hijo. John Birch es como le dicen los ingleses a la pija. Y Lady Jane a la concha.Mi carcajada se escuchó en Portugal.”


  • BORGES Y PEICOVICH


  • “No vale la pena interesarse en el periodismo pues está destinado a desaparecer. Bastaría, en lugar de diarios, con un periódico bimensual, ya que todos los días no se producen hechos sensacionales. En la época grecolatina se leían libros y no se perdía el tiempo en tonterías”.

  • “Cierta vez, en un Banco, una empleada me dijo que, aunque conocía mi saldo, lo verificaría “para no decir una cosa por otra”. Esta señorita acababa de dar muerte a la metáfora”.

  • En un café de Buenos Aires, Estela Canto, ex pareja de Borges y poseedora del manuscrito de "El Aleph"(cuento que,además,le está dedicado), le confiesa al escritor que piensa vender ese original. Borges no se opone. "Pero voy a esperar a que te mueras -agrega ella- para que valga más."
    Herido, Borges responde con una frase ambigua:
    "Si yo fuera un caballero, en este momento iría al baño y se escucharía un tiro..."

  • Un día un joven periodista uruguayo le preguntó a Borges la razón de su amor incondicional a la Banda Oriental y él le comentó que su padre, desde muy pequeño, le había dicho que el lugar de nacimiento de un hombre era no sólo donde éste nacía, sino donde había sido concebido. Borges fue engendrado en el departamento de Paysandú, en Uruguay. "Desde ese punto de vista puedo considerarme oriental", comentó.

FUENTE:
Gustavo Laborde. El costado oriental de Borges

  • "Cuando viajó a Londres, a los 74 años, Victoria Ocampo fue al primer concierto de los Beatles y volvió deslumbrada. Estos muchachos marcan una época. Esto es genial , dijo, cuando nos recibió en Mar del Plata con el primer long play que grabaron los Beatles", recuerda hoy la escritora y periodista, que compartió ese inolvidable encuentro con Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, Angélica Ocampo, Jorge Luis Borges y algunas personas más.

    "En un momento, Victoria sacó una peluca, que imitaba la melena de John Lennon, y le pidió a Borges que se la pusiera. Pero él, que tenía un estricto sentido del ridículo, dijo que no y comenzó una feroz discusión. Los dos gritaban y, de pronto, Victoria cortó el diálogo muy terminante: Usted, che, con lo empacado que es nunca va a llegar a nada ", concluyó la autora del libro, en diálogo con el periódico La nación.

VICTORIA OCAMPO JUNTO A BORGES Y SU MADRE-FOTO DE SEIX BARRIAL

FUENTE:
https://www1.lanacion.com/nota.asp?nota_id=421468




ANÉCDOTAS CONTADAS POR MARÍA KODAMA


BORGES Y MARIA KODAMA


Algo de eso recojo en en el diario La Nación, de las declaraciones de María Kodama su polémica compañera ya en el tramo final de su vida. Ella cuenta, por ejemplo, que Borges escuchaba a Pink Floyd, a los Beatles y a los Stones, nada más y nada menos. Más aún, aborrecía a Beethoven y a Gardel no le perdonaba haber convertido el tango en algo llorón y sentimental. No es el primero de quien oigo esa afirmación con respecto a Gardel y al tango, pero es el primer argentino famoso que pudo decirlo sin que le caigan los fanáticos del gardelismo. Tanto le gustaba Pink Floyd que el "himno para su cumpleaños no el Happy Birthday sino Tha Wall". Como que no es fácil imaginarse al maestro golpeando fuerte el bastón para llevar el ritmo rebelde de aquel grupo. De paso, una pena el fallecimiento de uno de sus integrantes.

La Kodama contó que el escritor tenía pasión por la comida japonesa y que dejó de tomar vino cuando un amigo de su padre vaticinó que se volvería un "borracho perdido". Se consideraba un sordo musical que tenía sólo oído para la música de la palabra. Por lo visto, María Kodama anduvo locuaz en París, donde se exponen 130 fotos de los viajes personales del genial escritor por el mundo. Eso sí, aclaró que a Borges le gustaban Brahms, Bach, la música antigua, medieval, la música folclórica, la milonga y los tangos de la ´guardia vieja´ como los llamaba, porque eran como milongas: tenían letras divertidas, en doble sentido.

Le gustaba ese tipo de música porque decía que tenía enorme fuerza, terrible pero vital". Los Rolling Stones y los Beatles también "le encantaban por su fuerza increíble.

En una parte final de sus declaraciones, ella expresa: "Creo que si Borges hubiera tenido buena vista quizás lo hubiéramos perdido como escritor -ironizó- Hubiera sido un aventurero. No tenía rutinas, ni siquiera para escribir". Escribía, como decía, "cuando la Musa le dictaba o cuando el espíritu lo habitaba. Si no tenía ninguna idea en la cabeza, seguía de largo y no pasaba nada".

FUENTE:
http://zonadelescribidor.blogspot.com/2008/09/ancdotas-sobre-borges.html


BORGES Y LOS GATOS




Jorge Luis Borges estaba fascinado desde la infancia por los grandes felinos y adoraba a los gatos. He aquí un bello poema dedicado a uno de ellos, 'A un gato', de su obra 'El oro de los tigres' (1972):


A un gato:
No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.



En los últimos tiempos, Borges vivió junto a dos gatos: Odín y su amado Beppo, un fiel aunque irascible gato blanco llamado así en honor a un personaje de Lord Byron (quien también tenía un gato con dicho nombre).


A su adorado Beppo, Borges le dedicó estos versos incluidos en su obra 'La cifra' de 1981:

BEPPO

El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede el tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?

Jorge Luis Borges (1899, 1986)

FUENTE::
http://www.foro-cualquiera.com/literatura/43019-borges-los-gatos.html

EL GRAN SECRETO de J. L. BORGES


De regreso de un corto período de vacaciones encontré un documento, una biografía no autorizada del genial escritor Jorge Luis Borges. Y yo entrevisté en el geriátrico a su autor, el licenciado Harold Macoco Salomón, un nonagenario artista plástico amigo del Georgie, y él me certificó lo siguiente.

“En una siesta de un frío mes de junio del año treinta y pico, Georgie, yo y otros intelectuales decidimos enfrentarnos a unos cuchilleros de Boedo.” El partido de fútbol, deporte por el cual Borges era un apasionado, recuerda Salomón, sería jugado en 2 tiempos de 40 minutos. “Y Georgie menudito como era, tenía un despliegue como N° 8, que impresionaba.

Bioy Casares, por ese entonces un hábil centrodelantero nuestro, lo apodaba El Pulpo. Con una gran actuación de nuestro arquero, Bustos Domec, el primer tiempo concluyó sin que se abriera el marcador”, rememora Salomón. Ese día “Bustos Domec; Arlt, Echeverría y Carriego; el Georgie, Petit de Murat, Güiraldes y Quiroga; Xul Solar, Bioy Casares y el joven Cortázar”, fuimos quienes salimos a la cancha de Palermo. Sábato quedó en El Túnel, rememora babeándose.

Con disimulo observo que el anciano ya se orinó por segunda vez. Sus pies están, literalmente, sobre un gran charco. Algo que cambió la vida sucedería minutos más tarde. En un córner, en nuestra área, el Georgie saltó a cabecear, pero perdió el equilibrio al ser empujado y antes de caer al suelo su frente se topó con la rodilla de El Flequillo Soraire, un fornido moreno, que jugaba de wing izquierdo de los cuchilleros.

El golpe fue tremendo. Borges cayó al césped fulminado. No se movía. Petit de Murat, Bioy, Carriego, Horacio Quiroga y yo corrimos de inmediato a su lado. Roberto Arlt, Güiraldes y Bustos Domec aún no salían de su asombro. Soraire y su trouppe maloliente se reían de lo que a ellos les parecía "una mariconeada”. “Estos escritores cajetillas ya se cagaron” refunfuñó, presuntuoso.
“Lo cargamos en el auto de Bioy. Pasamos por el Hospital de Clínicas y lo revisó el Dr. Click Here, un neurólogo de vasta experiencia. La frente, los arcos superciliares y la nariz eran de color morado negro. La inflamación, sin exagerarle, era impresionante. Cuando el Georgie volvió en sí afirmaba que veía mal, borroso. Nos preguntó si le habíamos visto el número de matrícula al auto que lo había atropellado. Xul Solar lo calmó.

Yo atiné a decirle que habíamos ganado 1 a 0 y Cortázar no hacía otra cosa que fumar…”. El galeno tomó del brazo a Bioy Casares y comenzó a caminar por un pasillo del Hospital y le dijo: “el muchacho nunca más verá bien. Por los signos y los síntomas que presenta se le desprendieron ambas retinas producto del golpe y con el tiempo quedará ciego”.

Atento al relato, un fuerte olor me sobresalta. Azorado miro que el pobre Salomón no sólo está meado sino ahora se cagó encima. A pesar del hedor entusiasmado prosigue hablando: “así fue como mi amigo Georgie perdió la vista. Borró de su memoria lo sucedido aquella tarde.

No existió más el fútbol, ni su amado Newell´s Old Boys -me acota Salomón que sólo un equipo con un nombre inglés podría haber subyugado a Borges- y después, cuando se fue haciendo viejo hasta se refería irónicamente a este deporte. Pobre el Georgie”. "Doña Leonor, su madre, le leía libros de Literatura escandinava en la semipenumbra durante horas y horas.

A su muerte no le quedó otra opción para vivir, que aprender a escribir. Sus amigos nunca lo quisimos contrariar en nada a partir de entonces. Con decirle mi amigo que hasta el fin de sus días el Georgie en la intimidad la llamaba “mi uruguayita” a la Kodama, porque nosotros siempre le dijimos que María era oriental.

Menos mal que ya no veía nada. Si hubiera encontrado a su lado a una flaca, amarilla, de ojos rasgados y feíta, para colmo, mi amigo el Georgie no lo hubiera soportado. Lo habría salido a buscar al cuchillero Soraire para hacerse patear la cabeza”, terminó su relato Harold Macoco Salomón.

Así, de esta manera, cae un nuevo mito en el mundo de las Letras: a Jorge Luis Borges sí le gustaba el fútbol, era simpatizante de Newell´s y por su práctica perdió para siempre la vista. La nostalgia lo convirtió en un gran escritor, al que sólo le faltó el Premio Nóbel.

FUENTE:
http://blogs.clarin.com/republicabananera


JORGE LUIS BORGES ACTUÓ EN UN CORTOMETRAJE DE 1975





Se mantuvo en el olvido durante casi treinta años y recién ahora sale a la luz: un cortometraje documental titulado Borges, un destino sudamericano fue recuperado y presentado en Madrid. El filme, basado en el cuento “El sur” de Jorge Luis Borges, tiene como protagonista al escritor, quien ya estando ciego a sus 76 años fungió de actor durante los tres días de rodaje que tomó la cinta.

En el lejano 24 de junio de 1975 Borges tuvo que vencer el miedo escénico para poder quedar inmortalizado en el celuloide. El director del documental fue José Luis Di Zeo, quien deseaba filmar la escena de Borges en una sola toma.

Borges, un destino sudamericano fue exhibida en una función privada. Queda para el recuerdo la opinión que tuvo el escritor sobre la cinta “¿Qué puede decir un ciego sobre una película?”.

Se trata de un documental nunca difundido grabado en 1975 en su domicilio. "Fue realmente fuerte, pero a la vez extraordinario", aseguró su director con respecto a la sensación de volver a ver a Borges en la pantalla grande.

Jorge Luis Borges afronta en primera persona su universo personal y literario en Borges, un destino sudamericano, documental inédito rodado en 1975, en el que el autor argentino encarna al protagonista de El Sur, su cuento más querido y el hilo conductor de la cinta.

Dirigido por José Luis Di Zeo, el documental se proyectará hoy en La Casa de América de la capital española, dentro del Festival Documenta Madrid.

La fascinación de Borges por el mundo de los sueños y la obsesión por su propia muerte surgen en este documental a partir de su testimonio -recogido por Di Zeo en el domicilio del escritor- y de su interpretación.

"Amaba El Sur porque era un cuento autobiográfico en la primera parte", destacó Di Zeo. Además, agregó que el sueño del escrito era el de "morir en un entrevero".

Como actor, Borges fue "miedoso y nervioso, aunque no se puede decir que actuara, porque él jugaba", puntualizó ante la prensa el director de "Borges, un destino sudamericano".

Di Zeo no dudó en afirmar que el Premio Cervantes de Literatura "se representó a sí mismo durante toda su vida". "A Borges siempre le gustó la idea de interpretar a Dahlman (protagonista de El Sur), aunque yo fui el único que se atrevió a proponérselo", explicó el director. Di Zeo consiguió una pronta intimidad con Borges durante un rodaje que finalizó en Escobar, a las afueras de Buenos Aires. Fue en ese lugar donde Borges se puso ante la cámara y, en una sola toma, "luchó contra el destino", como lo hizo en su imaginación el protagonista de su relato.

Borges, un destino sudamericano nunca llegó a ver la luz en una sala comercial porque el legendario autor de Ficciones, aseguró Di Zeo, no es comercial, "ya que -dijo- Borges es cultura y es algo que no interesa en Argentina, donde todo el mundo tiene su obra en la estantería pero ninguno la lee".

La falta de financiación hizo que tanto él como el realizador, Tadeo Bortnowski, se encargaran en solitario de un proyecto que, una vez finalizado en 1986, sólo pudo exhibirse "de forma clandestina" en colegios argentinos y su propio director llegó a "perder su rastro, sin ninguna esperanza de venderlo".




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