martes, 20 de enero de 2009

SILVINA OCAMPO-DESCARGA SUS LIBROS (Entrega Especial 1 - Borges y Bioy Casares)


EN ESTE POST HABLAREMOS ACERCA DE SILVINA OCAMPO ESCRITORA ARGENTINA, ESPOSA DE BIOY ENCONTRARÁS PARA DESCARGAR CUENTOS COMPLETOS I Y II

SILVINA OCAMPO

ENTREGA ESPECIAL 1

SILVINA OCAMPO

(1903-1994)

SILVINA OCAMPO


Nació en Buenos Aires en 1903, en la casa de la calle Viamonte 550, como la menor de las seis hijas de Manuel Silvino Ocampo y Ramona Aguirre.En su juventud estudió dibujo en París con Giorgio de Chirico. Sus inicios en la literatura están ligados a la influencia de su hermana Victoria y a la del escritor Adolfo Bioy Casares, con quien contraería matrimonio en 1940 y tendría una hija, Marta Bioy Ocampo (1954-1994). Su primera publicación profesional fue el libro de cuentos Viaje olvidado (1939), algo menospreciado en su época pero reivindicado en el ámbito académico después de su muerte.

En el año 1954 recibió el Premio Municipal de Literatura por su obra poética Espacios métricos; en 1962, el Premio Nacional de Poesía por Lo amargo por dulce y en 1988 el Premio del Club de los 13 por Cornelia frente al espejo, su última antología de cuentos.

Su vasta producción que va más allá de lo publicado se vio interrumpida tres años antes de su muerte el 14 de diciembre de 1994 en Buenos Aires a causa de una enfermedad progresiva que la tuvo postrada durante varios años.

Silvina Ocampo (Revista "Pájaro de Fuego")

OBRA NARRATIVA

La obra de Silvina Ocampo es reconocida principalmente por su inagotable imaginación y su aguda atención por las inflexiones el lenguaje. Dueña de un lenguaje cultivado que sirve de soporte a sus retorcidas invenciones, Silvina disfraza su escritura con la inocencia de un niño para nombrar, ya sea con sorpresa o con indiferencia, la ruptura en lo cotidiano que instala la mayoría de sus relatos en el territorio de lo fantástico.

Esta habilidad lingüística se advierte temprano en su colección de cuentos Viaje Olvidado (1937), influida por el nonsense literario de Lewis Carroll, Katherine Mansfield y seguramente por el surrealismo que mamó de sus maestros pictóricos. El título del libro se refiere al cuento homónimo en que una niñita intenta recordar el momento de su nacimiento, logrando su autora un tejido de imaginación pura sobre la base de una típica duda infantil.


SILVINA OCAMPO

Si los relatos de este volumen parecían más bien miniaturas o pequeños pantallazos de la memoria deformados por la imaginación, sus siguientes colecciones (Autobiografía de Irene, y muy especialmente La furia o Los días de la noche) conservan un poco más la estructura tradicional del cuento y muestran a la Silvina Ocampo más prototípica. Metamorfosis, ironía, figuras persecutorias, humor negro, y el reinado imperante del oxímoron y de la sinestesia marcan esta serie de relatos donde aparecen incesantes galerías de personajes y contextos dominadas por pasillos y patios de grandes caserones así como por la enigmática presencia de niños ligados al horror y la crueldad como víctimas o victimarios, según la ocasión.

OBRA POÉTICA

Su labor poética estuvo dominada en un principio por los metros clásicos y por rimas inocentes, muchas veces dedicadas a la descripción y exaltación de la belleza de elementos naturales como las plantas (confesa pasión de la escritora) como se puede apreciar en Espacios métricos o en Los sonetos del jardín que tras el poemario Enumeración de la patria siguieron a Viaje Olvidado. Sin embargo posteriores poemarios como Los nombres, Lo amargo por dulce o Amarillo celeste muestran un verso más elaborado y a la vez desinteresado por el clasicismo.

Con Espacios métricos, publicado en 1942 por la editorial Sur, obtuvo el Premio municipal en 1954. Obtuvo el Segundo Premio Nacional de poesía por Los nombres en 1953 y volvió a obtener una distinción en 1962 por Lo amargo por dulce, el Premio Nacional de poesía.

En colaboración con Adolfo Bioy Casares publicó la novela policial Los que aman, odian, en 1946 y con Juan Rodolfo Wilcock la obra de teatro Los Traidores, en 1956. Publicó en colaboración con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, la célebre Antología de la literatura fantástica, en 1940, y la Antología poética argentina, en 1941.

En los últimos años el ámbito académico argentino ha redescubierto a Silvina Ocampo, no muy leída ni apreciada en vida, coincidiendo con la publicación de algunas obras inéditas en recopilaciones como Las repeticiones y otros cuentos (2006) o Ejércitos de la oscuridad (2008).

LISTADO DE OBRAS
Cuentos
Viaje Olvidado , Buenos Aires, Sur, 1937.
Autobiografía de Irene (cuentos), Buenos Aires, Sur, 1948.
El pecado mortal (antología de relatos), Buenos Aires, Eudeba, 1966.
Los días de la noche (cuentos), Buenos Aires, Sudamericana,1970.
Informe del cielo y del infierno (cuentos), con prólogo de Edgardo Cozarinsky, Caracas, Monte Ávila, 1970
La furia (cuentos), Buenos Aires, Sur, 1959. Reeditado en Orión, 1976.
Las invitadas (cuentos), Buenos Aires, Losada, 1961. Reeditado en Orión, 1979.
El cofre volante (cuentos infantiles), Buenos Aires, Estrada, 1974.
El tobogán (cuentos infantiles), Buenos Aires, Estrada, 1975.
El caballo alado (cuentos infantiles), Buenos Aires, De la flor, 1976.
La naranja maravillosa (cuentos infantiles), Buenos Aires, Sudamericana, 1977.
Canto escolar (cuentos infantiles), Buenos Aires, Fraterna, 1979.
Y así sucesivamente (cuentos), Barcelona, Tusquets, 1987.
Cornelia frente al espejo, Barcelona, Tusquets, 1988. Premio del Club de los 13.
Las reglas del secreto (antología), Fondo de Cultura Económica, 1991.
Las repeticiones(cuentos), Buenos Aires, Sudamericana, 2006. (publicación post mortem)

Poesías
Antología poética argentina, Buenos Aires, Sudamericana, 1941.
Enumeración de la patria (poesía), Buenos Aires, Sur, 1942.
Espacios métricos (poesía), Buenos Aires, Sur, 1942. Premio Municipal.
Poemas de amor desesperado (poesía), Buenos Aires, Sudamericana,1949.
Los nombres (poesía), Buenos Aires, Emecé, 1953. Premio Nacional de Poesía.
Los sonetos del jardín (poesía), Buenos Aires, Sur, 1946.
Lo amargo por dulce (poesía), Buenos Aires, Emecé, 1962. Premio Nacional de Poesía.
Amarillo celeste (poesía), Buenos Aires, Losada, 1972.
Árboles de Buenos Aires (poesía), Buenos Aires, Crea, 1979.
Breve Santoral (poesía), Buenos Aires, Ediciones de arte Gaglione, 1985.

Novelas
Los que aman, odian, Buenos Aires, Emecé, 1946.(con Adolfo Bioy Casares)
La torre sin fin, Buenos Aires, Sudamericana, 2007 (post mortem)

Teatro
Los traidores (pieza teatral en verso), Buenos Aires, Losange, 1956 (con Juan Rodolfo Wilcock)

Traducciones
Porfiria, introducción de Italo Calvino, traducción de Livio Bacci Wilcock, Roma, Einaudi, 1973.
Fait Divers de la terre et du ciel, prólogo de Jorge Luis Borges, introducción de Italo Calvino, Paris, Gallimard, 1974.
I giorni dela notte, traducción de Lucrezia Cipriani Panuncio, Roma, Einaudi, 1976.
Leopoldina´s dream, prefacio de Jorge Luis Borges, introducción de la autora, traducción de Daniel Walderstone, Ontario, Penguin Books, 1987.
Qui ama, odia, estudio preliminar y traducción de Angelo Morino, Roma, Einaudi, 1988.
Viaggio dimenticato, introducción y traducción de Lucio D´artangelo, Roma, Lucarini, 1988.
Ces qui aiment, haissent, traducción de André Gabastón, Paris, Christian Bourgois éditeurs, 1989.
La penna magica, Roma, Editori Reuniti, 1989.

Varios
Antología de la literatura fantástica, Buenos Aires, Sudamericana,1940; 2da ed. 1965, 3ra ed. 1970, 4ta ed. 1990.
La continuación y otras páginas, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981.
Encuentros con Silvina Ocampo, entrevistas de Noemí Ulla, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1982.
Páginas de Silvina Ocampo, seleccionadas por la autora, prólogo de Enrique Pezzoni, Buenos Aires, Editorial Celtia, 1984.
Invensiones del recuerdo, Buenos Aires, Sudamericana, 2006 (autobiografía en verso publicada post mortem)
Ejércitos de la oscuridad, Buenos Aires, Sudamericana, 2008 (notas publicadas post mortem)


SILVINA OCAMPO & ADOLFO BIOY CASARES: EXTRAÑA PAREJA

Por Alicia Dujovne Ortiz Periodista y escritora

ARTÍCULO EXTRAÍDO DE http://www.lanacion.com.ar/


SILVINA OCAMPO Y BIOY CASARES

Ella le llevaba once años, y desde que lo vio por primera vez, vestido de blanco, apuesto y hermoso como un dios, ya no pudo dejar de pensar en él. Se casaron y formaron una pareja particular. Ella, extraña y celosa, perdonaba todas las infidelidades de un hombre que, a pesar de todo, la adoraba.

[…]

Nada ha cambiado desde que era la hermana feúcha, la menorcita aplastada bajo el peso de las otras: Victoria, la brillante; Rosa, Pancha y Angélica, con su fama de ser la más inteligente de las cinco (la sexta ha muerto hace tiempo). Salvo Victoria, que reina majestuosa en San Isidro, sus hermanas siguen viviendo cerca, cada una en su piso, y ella arrinconada en el suyo. La calle Posadas prolonga la casa natal de la calle Viamonte. A falta de lugar en la banda poderosa de sus hermanas, Silvina siempre ha andado escabulléndose por los rincones, espiando, curioseando a los pobres, a los raros.

Ahora podría compartir las rarezas de Georgie y Adolfito, pero algo en ella se resiste a divertirse igual. Sus rarezas no son las mismas. Anoche se han reído juntos los dos durante toda la comida, imaginando colores cambiados. "¿Y si el cielo fuera verde?", decía Georgie. Ja, ja. "¿Y si el pasto fuera violeta?", decía Adolfito. Ja, ja, ja. En ese momento, hasta la seriedad inabordable del suegro le ha resultado más afín que esos chistes de nenes genios.
El suegro a ella no la quiere. Primero no la quiso por su amistad con Marta, demasiado íntima para su gusto. Pero el colmo para él fue asistir impotente al casamiento de su hijo, bellísimo, talentosísimo, riquísimo, con la feaza de los Ocampo, que tenía tanta plata como él, pero que le llevaba sus buenos años (las respectivas fechas de nacimiento, 1903, 1914, aún le suenan a insulto). Silvina no podrá hacerlo abuelo. La concentrada y oscura bronca ni siquiera se le calmará cuando Adolfito y Silvina viajen a Pau, Francia, para buscar a Marta, la hija.
Se estremece sin pausa, tal vez de miedo. Esa tarde ha visto a Alejandra, la poeta. Alejandra Pizarnik. Con Alejandra se ríe, pero comparte sobre todo el temblor. Ella también es una criatura feíta y abandonada. Por eso la ama: otra nena genial, pero habitante de una región profunda que no acepta risitas de niños bien. No es que Alejandra sea compungida ni solemne, es que sus enigmas no son un juego. Los de ella tampoco. Enigmas espeluznantes de verdad, porque rozan la muerte: ¿qué son los cuentos de Silvina sino pequeños sepulcros adornados con plumas y piedritas, rituales de niña mala que ha matado un insecto y le rinde honores?

La primera vez que lo vio, en 1933, en casa de Marta, Adolfito llevaba una raqueta de tenis. Su belleza le resultó una puñalada. A ella le bastó verlo para sentirse desesperada de celos. Pero algo había en él peor que su hermosura: sus ojos hundidos bajo unas cejas despeinadas por un viento invisible revelaban su desamparo. Silvina en eso no era diferente de cualquier otra mujer: podía resistirse a la salud, a la fuerza; al desamparo no. Por lo demás, en ese rostro tan fino se anunciaba un rasgo futuro, al que tampoco se resiste ninguna mujer: con el tiempo, a ambos lados de la boca, los músculos se le dibujarán con nitidez, labrándole dos surcos que no aludirán a vejez, sino a virilidad. Poco tiempo después, el muchacho estatuario publicaba La invención de Morel.

Le propuso casamiento siete años más tarde. Ella se preguntó por qué razón la elegía, elegante, graciosa, creativa y Ocampo, pero madura, nada linda y de una sexualidad incierta. Sospechó que la elegía por razones literarias y, más oscuramente, para acercarse a su madre por caminos oblicuos. Después ya no se preguntó más nada: Adolfito y Silvina se convirtieron en ese monstruo de dos cabezas llamado pareja. Aunque cada uno de los dos existió por separado –él con su guirnalda de amores, ella también enguirnaldada pero menos, apartada y secreta, jugando a las escondidas, como siempre–, los dos existieron en conjunto. En la pareja de Silvina y Adolfito cabían muchos. No por eso dejaban de ser la criatura bifronte denominada los Bioy.

Quizá Georgie tenga razón cuando dice: "Yo sospecho que para Silvina Ocampo, Silvina Ocampo es una de las tantas personas con las que tiene que alternar durante su residencia en la Tierra". Nadie podrá afirmar nunca cómo es Silvina; a lo sumo podrán preguntar: ¿cuál de ellas? Algunas Silvinas, por desgracia, se reconocen entre sí: la que al ver a Adolfo Bioy Casares con su raqueta de tenis sintióque su belleza la apuñalaba es la misma que por las noches espera su regreso, temiendo que alguien esta vez consiga retenerlo y ella lo pierda.

[…]

Esa noche de 1954, Silvina entra en el comedor envuelta en sus tigres, como una actriz adulada que en el fondo se muere de timidez. El suegro, Georgie, los Pepes y Adolfito la esperan desde hace rato. Se levantan, corteses. El cocinero de toca y el maître d’hôtel de guante blanco que presenta la bandeja se han esmerado: el soufflé está en su punto, la comida transcurre como siempre, ritual inamovible en el que Georgie y Adolfito comparten ese sentido del humor que a ella la cansa. Como siempre también, después del último bocado el suegro se despide y Adolfito se retira con Georgie al salón del café. Los Pepes la rodean inquietos. Son los únicos que se han dado cuenta de su inusual palidez. Silvina cae desvanecida. Hay corridas y gritos; Adolfito se asoma con la cara desencajada. Se la llevan alzada, llaman a un médico que diagnostica meningitis. Abrazado a sus amigos, Adolfito llora como un chico repitiendo: "Pero yo qué voy a hacer si Silvina se va, qué voy a hacer sin Silvina". Ella no puede oírlo. Si lo oyera entendería que su marido nunca se irá, porque sencillamente la adora.

Poco tiempo después viajaron a Pau para buscar a la nena, Marta, nacida tres meses antes. Un viaje del que Silvina regresaría convertida en madre legal. Cosa inesperada, la hija de Adolfito con esa presunta costurera que cumplió con su pacto de hacer mutis por el foro, a Silvina se le metió en el alma. (Cuando con el tiempo lleguen los nietos, Florencio, Lucila y Victoria, se mostrará igual de cariñosa). Nadie la había creído capaz de sentimientos maternales, ni siquiera ella misma, y sin embargo sí, los tuvo. Al principio lo hizo por Adolfito: él deseaba hijos y le rogó que hiciera de madre de este bebé. Después lo hizo porque Martita le cayó bien. Descubrió el placer de celebrarle los cumpleaños, de llevarla al Zoológico. Y se rió durante años del día en que enfrentó a la beba por primera vez. Estaba colorada hasta las orejas y, de puro nerviosa, dijo la primera zoncera que se le ocurrió: "Qué naricita más chica tiene, ¿no será homosexual?" "No –le contestó Adolfito, muy serio, como si la pregunta le pareciera de lo más atinada–; es que es ñatita".
Extraña Silvina. Extraña relación de pareja que no se pareció a ninguna, pero que lejos de ser una tranquila amistad fue un agitado amor.

Silvina Ocampo murió en 1994. Veinte días después de su muerte, su hija Marta murió atropellada por un automóvil. Bioy Casares las sobrevivió cinco años. Finalmente, había sido Silvina la que lo había abandonado a él. Cuando se hizo evidente que ella se tropezaba con las cosas, con las ideas, él contrató a unas cuidadoras encargadas de vigilarla. De creerle a su mucama Jovita, testigo de una de las Silvinas que compusieron a Silvina, la anciana señora no se lo perdonó. Nunca más volvió a hablarle. Arrodillado ante ella, el viejo señor le suplicaba llorando como un chico, igual que en 1954: "Silvinita, por favor, contestame, dame un beso, Silvinita, no me dejes aquí". Ella le daba vuelta la cara, por una vez de viaje sin él.

DESCARGA DE SILVINA OCAMPO

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8 comentarios:

  1. Gracias por tener descargas gratis de estos valiosos libros.
    Muchas gracias!.

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  2. Me encanta la obra de Silvina Ocampo.

    buenísima la info!!!

    Saludos desde Argentina.

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  3. Hola! estoy buscando desesperadamente ese prólogro de Borges a la traducción francesa de un libro de Silvina, quisiera saaber si alguien lo tiene en formato digital, me vendría bien para preparar un trabajo sobre ella!! Gracias

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  4. muy bueno el sitio!
    descubrí a silvina hace poco y para mi, escritora mateur, es toda una inspiracion!
    gracias por tener las descargas, aunque ya lo han dicho muchos! en internet no se encuentran y realmente hacia faltaa...

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  5. Gracias por el post es muy dificil encontrar los cuentos estos. Me hacia falta para el cole. Saludos.

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  6. Muy buena página. Todo a la mano y completo. GRACIAS...

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  7. Como la literatura me fascina, me gusta disfrutar de diversos autores y por eso estoy constantemente buscando a nuevas personalidades a las que conocer a través de sus escritos. Todos los años compro Vuelos a
    Buenos Aires
    para asistir a la feria del libro de esa ciudad

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